Editorial
La voz que estaba enterrada en un cassette
Por Rebobinados · Publicado el 24 de julio de 2026

Ilustración: Rebobinados
Lo que la inteligencia artificial le puede hacer a una canción, y lo que no
En algún momento de finales de los setenta, John Lennon se sentó al piano en su departamento del Dakota, apoyó una grabadora encima del instrumento y cantó una canción a medio terminar. Se llamaba Now and Then. Era una maqueta casera, de esas que uno graba para no olvidar la idea: la voz y el piano entrando por el mismo micrófono, mezclados sin remedio, con el zumbido de la máquina de fondo.
En 1995, cuando Paul, George y Ringo se juntaron para el proyecto Anthology, Yoko Ono les entregó ese casete. De ahí salieron Free as a Bird y Real Love. Con Now and Then no pudieron. La voz de John estaba tan pegada al piano que era imposible separarlas: al subir la voz, subía también el piano, con su afinación de departamento y su ritmo de borrador. George Harrison dijo que la grabación era impresentable y el proyecto quedó ahí. George murió en 2001. La canción se quedó en el cajón durante casi treinta años.
Y entonces, en 2023, apareció una máquina que sí pudo.
Separar no es componer
El equipo de Peter Jackson había desarrollado una herramienta para el documental Get Back: un sistema de aprendizaje automático entrenado para reconocer, dentro de una grabación revuelta, qué parte del sonido corresponde a una voz humana, qué parte a una guitarra, qué parte al ruido del ambiente. Lo habían necesitado porque en las cintas de 1969 los Beatles conversaban entre ellos mientras los instrumentos sonaban encima, y no se entendía nada.
Esa misma herramienta se aplicó al casete del Dakota. Y funcionó: la voz de Lennon salió limpia, desprendida del piano, sin el zumbido. Paul y Ringo grabaron encima, se rescataron las guitarras que George había registrado en el 95, y el 2 de noviembre de 2023 se publicó Now and Then como la última canción de los Beatles. Llegó al número uno en el Reino Unido, más de medio siglo después del primero.
Vale la pena detenerse en lo que la máquina hizo exactamente, porque de ahí sale todo lo demás. No compuso nada. No inventó una melodía, no imitó a Lennon, no rellenó los versos que faltaban. Lo único que hizo fue separar: quitar el piano de encima de una voz que ya estaba ahí, cantada por un hombre real, un día real, en una pieza de Nueva York. Es más parecido a la restauración de un cuadro —levantar el barniz oscurecido para que vuelva a verse el color original— que a pintar un cuadro nuevo.
Por eso Now and Then emociona y no incomoda a casi nadie. Lo que escuchamos ocurrió. La técnica solo apartó lo que lo tapaba.
El otro lado del espejo
Seis meses antes, en abril de 2023, había aparecido en internet otra canción: Heart on My Sleeve, con Drake y The Weeknd cantando a dúo sobre una base moderna. Sonaba convincente. Se hizo viral en cuestión de días.
Ni Drake ni The Weeknd habían entrado jamás a un estudio a grabarla. Un usuario anónimo había clonado sus voces con inteligencia artificial. El sello la hizo bajar de las plataformas, pero el mensaje ya estaba entregado: hoy cualquiera puede fabricar una interpretación que nunca existió, con la voz de quien se le ocurra.
Y ahí está la línea que a mí me parece la única que importa en esta discusión. En un caso, la máquina rescató una interpretación real que estaba a punto de perderse. En el otro, fabricó una interpretación que nunca ocurrió. Los dos usan la misma familia de tecnología. No son, en absoluto, la misma cosa.
Lo que se está decidiendo ahora mismo
Mientras escribo esto, la industria está resolviendo el asunto a golpes de tribunal, y conviene saber en qué va.
En junio de 2024, los tres sellos grandes —Sony, Universal y Warner— demandaron a Suno y a Udio, las dos plataformas que generan canciones completas a partir de una instrucción escrita. El cargo: haber entrenado sus modelos con millones de grabaciones con derechos, sin pedir permiso ni pagar nada.
Después vino la parte interesante. En octubre de 2025, Universal llegó a un acuerdo con Udio; en noviembre, Warner cerró acuerdos con ambas. Y no fueron acuerdos cualquiera: incluyeron licencias y el compromiso de lanzar plataformas legales, con las voces y las canciones de artistas que participen de forma voluntaria, con crédito y con pago. Suno se comprometió, además, a dar de baja los modelos entrenados con música sin licencia.
Sony no firmó. Prefirió seguir en juicio y buscar una sentencia, y ese pleito sigue vivo en tribunales de Estados Unidos, con audiencias clave este mismo año. En Alemania, la sociedad de autores GEMA lleva su propia causa contra Suno. Y en junio de 2026 apareció un frente nuevo y revelador: el sindicato de músicos estadounidense demandó a Universal y a Warner alegando que el dinero de esos acuerdos no está llegando a los músicos de sesión cuyas grabaciones se usaron para entrenar los modelos.
Ese último dato dice mucho. Los sellos grandes negociaron su parte. Los artistas independientes y los músicos de sesión —los que tocaron el bajo en mil discos y nunca aparecieron en la portada— siguen esperando que alguien se acuerde de ellos.
La objeción honesta
Sería cómodo cerrar acá, con la máquina en el banquillo. Pero hay una objeción que merece respeto, y es la historia de la música popular entera.
Cada vez que apareció una máquina nueva, alguien gritó que eso no era música. Lo dijeron de la guitarra eléctrica, que "no era un instrumento de verdad". Lo dijeron de la grabación multipista, que permitía armar una canción que ningún grupo podía tocar de una sola vez. Lo dijeron del sintetizador, de la caja de ritmos, del Auto-Tune. Y lo dijeron, con especial dureza, del sampler: cuando el hip hop empezó a construir canciones con pedazos de discos ajenos, los tribunales y buena parte de la crítica lo trataron como robo. Hoy nadie discute que de ahí salió uno de los lenguajes musicales más fértiles del siglo.
Así que la sospecha frente a lo nuevo no es garantía de nada. La pregunta no puede ser "¿hay una máquina involucrada?", porque la respuesta es sí desde que Les Paul empezó a apilar cintas.
La única pregunta que sirve
Walter Benjamin escribió en 1935 un ensayo que hoy se lee como una profecía. Sostenía que la obra de arte tiene un aura: el peso de existir aquí y ahora, una sola vez, y que la reproducción técnica —la fotografía, el disco, el cine— la iba disolviendo. Cuando puedes escuchar mil veces la misma interpretación, algo del carácter irrepetible de aquella noche se pierde.
Benjamin tenía razón a medias, y su idea se puede llevar un paso más allá de donde él la dejó. El disco reproduce algo que pasó: la orquesta tocó, alguien apretó grabar. Por lejos que quede la copia del original, hay un original. Lo que hacen los generadores actuales es otra cosa: producen una interpretación de la que no existe primera vez. No hay una noche que recordar, no hay una sala, no hay nadie que se haya equivocado en el segundo compás y lo haya dejado así porque sonaba mejor.
Entonces la pregunta no es si hay máquina. Es si hay alguien detrás, y si ese alguien está nombrado y pagado.
Now and Then pasa esa prueba con holgura: la voz es de John, la decisión fue de Paul y Ringo, y la máquina hizo el trabajo de un restaurador. Heart on My Sleeve no la pasa: nadie cantó, nadie decidió, nadie cobró. Y las plataformas que hoy se están reordenando a punta de juicios están, precisamente, tratando de instalarse del lado correcto de esa línea —con licencias, créditos y participación voluntaria—, aunque la fila de los que todavía no reciben nada siga siendo larga.
Hay algo que a mí me deja tranquilo en toda esta historia. Lo mejor que ha hecho la inteligencia artificial con la música hasta hoy no fue inventar una canción nueva. Fue devolvernos una vieja: sacar una voz de debajo de un piano, en una maqueta que llevaba treinta años dada por perdida, y dejarnos escuchar a un hombre cantando en su departamento, una tarde cualquiera de los setenta, sin saber que lo estábamos esperando.
Fuentes: la reconstrucción de Now and Then se apoya en las declaraciones públicas de Paul McCartney y del equipo de Peter Jackson sobre el sistema de separación de audio desarrollado para The Beatles: Get Back (2021); la canción se publicó el 2 de noviembre de 2023. Heart on My Sleeve circuló en abril de 2023 y fue retirada de las plataformas a petición del sello. Las demandas de la RIAA contra Suno y Udio se presentaron en junio de 2024; Universal acordó con Udio en octubre de 2025 y Warner con ambas plataformas en noviembre de 2025, mientras Sony mantiene sus causas activas. El ensayo de Walter Benjamin citado es La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1935).
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