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Década 90s · Ritmo metal

Mägo de Oz

Pelear contra los molinos

Por Rebobinados · Publicado el 17 de septiembre de 2026

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Mägo de Oz: Pelear contra los molinos

Ilustración: Rebobinados

Mägo de Oz hizo algo que sobre el papel no debería funcionar: cruzar el heavy metal más potente con el violín, la flauta y las melodías celtas, y sonar a fiesta medieval y a aquelarre a la vez.

Guitarras que muerden, un violín que baila encima, coros para gritar a pleno pulmón, y letras que van del Quijote a la crítica de la Iglesia pasando por la ecología.

Es una mezcla rarísima y reconocible desde el primer segundo, y les valió convertirse en una de las bandas de metal en español más queridas de la historia, sobre todo a este lado del Atlántico.

De un homenaje a Iron Maiden al metal celta

La banda nació en un barrio de Madrid en 1988, fundada por el baterista, compositor y cerebro de todo, Txus di Fellatio.

Al principio se llamaban Transilvannia666, un homenaje a sus ídolos, los ingleses de Iron Maiden —con un guiño a su instrumental "Transylvania" y al 666 de "The Number of the Beast"—, y sonaban a metal clásico británico. El nombre definitivo llegó al año siguiente.

Pero el giro que los hizo únicos llegó con la entrada de dos personajes: el violinista Carlos Prieto, "Mohamed", que se sumó en 1992, y el cantante José Andrëa, que fue la voz de la banda entre 1995 y 2011.

Con el violín, el grupo descubrió su verdadero sonido —el metal cruzado con la música celta e irlandesa, con flautas y melodías tradicionales—, y con la voz teatral de José Andrëa encontró a su gran narrador.

De ahí en adelante, Mägo de Oz fue eso: metal para pensar y metal para bailar, épica celta con distorsión.

Meter al Quijote en una canción de metal

En 1998, el disco "La leyenda de La Mancha" —una ópera rock basada nada menos que en el Quijote de Cervantes— los lanzó al estrellato, y de ahí salió su canción más famosa: "Molinos de viento".

Y acá hay un matiz que dice mucho de la banda.

La canción es un diálogo imaginario entre Don Quijote y Sancho Panza —imaginario porque esa conversación no existe como tal en la novela—: el caballero le reprocha a su escudero su pesimismo, su falta de fe, sus ganas de rendirse, y lo invita a soñar, a creer, a pelear contra los molinos aunque parezcan gigantes imposibles.

Es, en el fondo, un himno al idealismo, a atreverse a perseguir sueños que el mundo llama locura.

Que una banda de heavy metal tomara al personaje más grande de la literatura española y lo convirtiera en un canto a no rendirse, para que lo coreara un estadio entero, es una jugada preciosa.

Mägo de Oz siempre tuvo eso: cultura popular y cultura culta bailando juntas.

Fiesta, crítica y conciencia

Su otro gran himno, "Fiesta pagana", del disco doble "Finisterra" (2000), muestra la otra cara: es una crítica feroz y bailable a la Iglesia medieval y a la Inquisición, envuelta en un ritmo de verbena imparable. Una fiesta que es, a la vez, una pedrada.

Y hay más capas. "La costa del silencio", del disco "Gaia" (2003), es uno de sus temas más hermosos y es un alegato ecológico: lo escribieron a raíz del hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas y del chapapote que arrasó con todo.

Conviene precisarlo, porque suele contarse cruzado: el viaje a Sudamérica que hicieron para documentarse sobre las culturas indígenas dio forma a "Gaia" como disco entero —su hilo conductor es la conquista, y ahí aparecen los instrumentos andinos—, pero esa canción en concreto nació de un desastre gallego.

Mägo de Oz nunca fue solo espectáculo: debajo del violín y las guitarras hay una banda que piensa, que toma partido, que le canta a la libertad, a la naturaleza, contra el abuso y contra el dogma.

Ídolos de Latinoamérica

Y acá está lo que los vuelve especialmente nuestros.

Mägo de Oz es, quizás, más grande en Latinoamérica que en su propia España. Su épica, su fiesta, su rebeldía y sus historias conectaron de manera brutal con el público de México, Argentina, Chile y Colombia, donde han llegado a montarse ediciones puntuales de un festival con su nombre.

Hay generaciones de chicos y chicas a este lado del océano que crecieron con "Molinos de viento" y "Fiesta pagana" como himnos de su adolescencia.

Una banda de un barrio de Madrid terminó siendo banda sonora de la juventud metalera de medio continente.

La banda ha pasado por cambios de formación y de vocalistas a lo largo de las décadas —el propio Txus, en la batería, ha sido el hilo constante—, pero su culto no se apagó.

Lo que hay que recordar

Mägo de Oz es la prueba de que las mezclas más improbables, hechas con convicción, pueden volverse himnos.

Quién iba a decir que el metal, el violín celta y Don Quijote cabían en la misma canción, y que un estadio la iba a cantar a coro.

Si pones "Molinos de viento", "Fiesta pagana", "La costa del silencio" o "La danza del fuego", vas a escuchar una fiesta épica y feroz, con violín y guitarras peleando y abrazándose, con letras que hablan de soñar, de creer, de no rendirse, de cuidar el mundo y de mandar al dogma a paseo.

Es metal que te levanta el puño y también el ánimo.

Pocas bandas hicieron de la mezcla su identidad con tanto descaro y tanto corazón. Y por eso, más de veinticinco años después, media Latinoamérica sigue cantando a grito pelado que hay que atreverse a pelear contra los molinos.

Fuentes

Mägo de Oz, banda española de folk metal —con elementos de metal celta, power metal, heavy y hard rock— formada en Madrid (barrio de Begoña) en 1988 por el baterista y principal compositor Txus di Fellatio; inicialmente se llamó Transilvannia666, en homenaje a la banda Iron Maiden, con un guiño a su instrumental "Transylvania" y al 666 de "The Number of the Beast"; el nombre definitivo llegó en 1989. Su sonido característico —metal cruzado con violín, flauta y melodías celtas— se consolidó con la incorporación del violinista Carlos Prieto "Mohamed" (1992) y del cantante José Andrëa, voz de la banda entre 1995 y su salida, anunciada el 24 de octubre de 2011. Saltó al éxito el 2 de octubre de 1998 con "La leyenda de La Mancha", álbum conceptual basado en el Quijote, de donde proviene "Molinos de viento", su canción más conocida: un diálogo imaginario entre Don Quijote y Sancho Panza sobre el idealismo y el pesimismo, que no corresponde a ningún pasaje literal de la novela. "Fiesta pagana", crítica a la Iglesia medieval y a la Inquisición, pertenece al álbum doble "Finisterra" (2000) y fue uno de sus primeros sencillos. "La costa del silencio" es el primer sencillo de "Gaia" (8 de septiembre de 2003) y se escribió a raíz del hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas en noviembre de 2002; el viaje a Sudamérica que la banda realizó para documentarse sobre las culturas indígenas dio forma al concepto de "Gaia" en su conjunto, no a esa canción en particular. Es una de las bandas de metal en español más importantes y goza de enorme popularidad en Latinoamérica, con giras recurrentes por México, Argentina, Chile y Colombia, donde se han montado ediciones puntuales del "Mägo de Oz Fest" (2004 y 2013), sin que exista un festival anual con su nombre. Ha atravesado varios cambios de formación y de vocalistas; Txus di Fellatio es su miembro constante. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, Metal Live Colombia, Apple Music y otras coberturas de prensa.

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