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Década 60s · Ritmo folk

Caetano Veloso

Devorar el mundo

Por Rebobinados · Publicado el 17 de septiembre de 2026

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Caetano Veloso: Devorar el mundo

Ilustración: Rebobinados

Caetano Veloso es uno de los artistas más importantes que ha dado América, y no es una exageración.

Poeta, pensador y músico, reinventó la música de todo un país, fue encarcelado y exiliado por hacerlo, y volvió para convertirse en un monumento vivo que nunca dejó de experimentar.

Su historia es la de un hombre que entendió, antes que casi nadie, que abrirse al mundo entero podía ser el acto más revolucionario y más peligroso de todos.

Bahía, la filosofía y la bossa

Nació en 1942 en Santo Amaro, un pueblo de Bahía, en el nordeste de Brasil, hermano de la también enorme cantante Maria Bethânia.

Entró a estudiar filosofía en la Universidad Federal de Bahía, carrera que dejó sin terminar cuando llegó el golpe militar de 1964. Quedó deslumbrado por la bossa nova de João Gilberto.

Y a fines de los sesenta, junto a Gilberto Gil —el otro cerebro del asunto—, con los poetas Torquato Neto y José Carlos Capinam, el arreglador Rogério Duprat, y con Gal Costa, Tom Zé, Nara Leão y Os Mutantes, dio forma al movimiento que lo cambiaría todo: la Tropicália.

La idea era audaz. Agarrar la música brasileña —la bossa, los ritmos regionales— y mezclarla sin complejos con el rock, la psicodelia y la vanguardia, con todo lo que venía de afuera.

Se inspiraban en una vieja idea del modernismo brasileño, la "antropofagia" de Oswald de Andrade: devorar la cultura extranjera y digerirla hasta convertirla en algo profundamente propio.

El disco colectivo "Tropicália ou Panis et Circencis", de 1968, fue su manifiesto. Hasta la portada lo decía: un retrato de grupo que cruzaba el guiño al "Sgt. Pepper's" de los Beatles con la parodia de la foto familiar de la clase media brasileña.

Por qué fue peligroso

Y acá está el corazón de por qué Caetano importa tanto.

En ese momento, Brasil estaba bajo una dictadura militar que exaltaba un nacionalismo cerrado. Y la Tropicália, sin gritar consignas, decía algo profundamente subversivo: que Brasil podía abrirse al mundo entero —al rock, a los Beatles, a lo extranjero— y seguir siendo, con más fuerza que nunca, Brasil.

Esa apertura era, en sí misma, un acto político. Y no solo incomodaba a los generales: también a buena parte de la izquierda nacionalista, que veía en las guitarras eléctricas una claudicación ante el imperio.

El 15 de septiembre de 1968, en el teatro de la Universidad Católica de São Paulo, Caetano salió a cantar "É proibido proibir" con Os Mutantes, vestido de plástico y cables. El público universitario, hostil al rock, lo abucheó y le tiró de todo.

Él interrumpió la canción y les gritó una arenga que quedó para siempre: que no estaban entendiendo nada, absolutamente nada, y que si en política eran como en estética, estaban listos.

La cárcel y el exilio

El 27 de diciembre de 1968, dos semanas después del decreto que endureció la dictadura, Caetano y Gil fueron arrestados.

Estuvieron presos unos cincuenta y cuatro días, en cuarteles de Río. Al llegar les raparon el pelo largo. Salieron en febrero de 1969 a un arresto domiciliario en Salvador, y en julio de ese año partieron al exilio en Londres.

No pudo volver a instalarse en su país hasta enero de 1972. Sus canciones eran censuradas y prohibidas una y otra vez.

La dictadura hizo todo por callarlo.

No lo lograron

Caetano volvió del exilio y se transformó en una de las figuras centrales de la MPB, la música popular brasileña, y en los ochenta y noventa en una estrella conocida en el mundo entero.

A lo largo de seis décadas hizo decenas de discos, ganó premios sin fin, y escribió canciones que son patrimonio: "Sampa", su carta de amor a São Paulo; "Sozinho"; "O Leãozinho"; "Terra".

Su versión de "Cucurrucucú Paloma" —el huapango de Tomás Méndez—, que Almodóvar puso en "Hable con ella", hizo llorar a medio mundo que no entendía una palabra.

Escribió además uno de los grandes libros sobre música y política, "Verdad tropical".

La prensa extranjera lo ha comparado una y otra vez con Bob Dylan. Es una etiqueta que circula sin autor y que él mismo miraría con sorna: tardó años en apreciar a Dylan, y llegó a cantar, medio en broma, que no le interesaba su tripa cristiana.

Lo que hay que recordar

Caetano Veloso es la prueba de que un músico puede ser un revolucionario sin levantar un solo puño: basta con ampliar lo que es posible.

La Tropicália no solo cambió la música brasileña. Insistió, contra una dictadura nacionalista y también contra parte de la izquierda nacionalista de su época, en que un país tiene derecho a devorar el mundo entero y seguir siendo él mismo.

Esa fue su idea, y por esa idea lo metieron preso.

Si pones "Sozinho", "Sampa", "Terra" o "Cucurrucucú Paloma", vas a escuchar a un hombre que convirtió la apertura en arte y el arte en resistencia.

Lo intentaron silenciar y fracasaron, porque se puede encarcelar a una persona pero no a una idea. Y la suya —que todos tenemos derecho a comernos el mundo entero y seguir siendo quienes somos— sigue tan viva como él, que a los ochenta y tantos todavía se sube a un escenario a cantarla.

Fuentes

Caetano Emanuel Viana Teles Veloso (Santo Amaro, Bahía, Brasil, 7 de agosto de 1942), cantante, compositor, escritor y figura central de la música brasileña; hermano de la cantante Maria Bethânia. Ingresó a la carrera de Filosofía en la Universidad Federal de Bahía hacia 1963 y la abandonó sin titularse tras el golpe militar de 1964; en 1998 la propia UFBA le otorgó un doctorado honoris causa. Hacia 1967-1968 dio forma, junto a Gilberto Gil, a la Tropicália, con los poetas Torquato Neto y José Carlos Capinam, el arreglador Rogério Duprat y el diseñador Rogério Duarte, y con la participación decisiva de Gal Costa, Tom Zé, Nara Leão y Os Mutantes; el movimiento fusionó la música popular brasileña y la bossa nova con el rock, la psicodelia y la vanguardia, inspirado en la "antropofagia" del Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade (1928), al que Caetano llegó a través del poeta concreto Augusto de Campos, y en el penetrable "Tropicália" de Hélio Oiticica (1967), que dio nombre al movimiento. El álbum colectivo "Tropicália ou Panis et Circencis" (1968), con portada de Rubens Gerchman sobre foto de Olivier Perroy, es su manifiesto y cruza la referencia a "Sgt. Pepper's" con la parodia del retrato familiar de la clase media. El 15 de septiembre de 1968, en el teatro TUCA de la PUC de São Paulo —en la eliminatoria paulista del festival, no en la final de Río—, Caetano fue abucheado mientras interpretaba "É proibido proibir" con Os Mutantes y respondió con una célebre arenga al público; las fuentes discrepan sobre el desenlace de la canción en el certamen. Bajo la dictadura militar, endurecida con el Acta Institucional N.º 5 de diciembre de 1968, Veloso y Gil fueron arrestados el 27 de diciembre de 1968 y permanecieron presos unos 54 días, hasta febrero de 1969, en cuarteles de Río, donde les raparon el pelo; siguió un arresto domiciliario en Salvador y, en julio de 1969, el exilio en Londres, del que regresó de forma permanente en enero de 1972, tras una visita autorizada de un mes en enero de 1971. Sus canciones fueron frecuentemente censuradas. Regresó para consolidarse como una de las máximas figuras de la MPB y alcanzó renombre internacional en los años 80 y 90. Entre sus canciones: "Sampa", "Sozinho", "O Leãozinho", "Terra" y su versión de "Cucurrucucú Paloma", huapango de Tomás Méndez, incluida en "Hable con ella" (2002) de Pedro Almodóvar, donde aparece en cámara. Publicó la memoria "Verdade Tropical" (1997). La comparación con Bob Dylan es un lugar común de la prensa extranjera sin autor identificable; en Brasil el mote "Bob Dylan brasileño" se asocia popularmente a Belchior. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, Memorial da Democracia, Memórias da Ditadura, Britannica, Senses of Cinema y otras coberturas de prensa.

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