Cat Stevens
Soltarlo todo
Por Rebobinados · Publicado el 22 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
Cat Stevens fue uno de los cantautores más queridos y delicados de los años setenta, autor de canciones que parecen abrazos: suaves, sabias, llenas de paz y de preguntas hondas sobre la vida.
"Father and Son", "Wild World", "Peace Train", "Moonshadow". Canciones que varias generaciones han cantado en momentos de amor, de despedida, de búsqueda.
Pero su historia es mucho más que la de un músico de éxito.
Es la de un hombre que estuvo cerca de morir, que en la cima lo dejó todo por una búsqueda espiritual, y que casi tres décadas después volvió a cantar.
Canciones que consuelan
Steven Demetre Georgiou nació en Londres en 1948, hijo de padre grecochipriota y madre sueca, dueños del Moulin Rouge, un restaurante de Shaftesbury Avenue sobre el que vivía la familia.
De joven pasó un año en una escuela de arte y se planteaba ser dibujante, pero la música pudo más.
Lo del nombre artístico tiene dos versiones, y él las da las dos. Una novia le dijo que tenía ojos de gato. Y la otra, más práctica, la contó él mismo: no se imaginaba a nadie entrando a una tienda de discos a pedir "ese álbum de Steven Demetre Georgiou", y en Inglaterra —y estaba seguro de que en Estados Unidos también— la gente adoraba a los animales.
Empezó una carrera pop a mediados de los sesenta, pero lo suyo verdadero llegó después, cuando dejó atrás el pop fácil y encontró su voz de cantautor folk: íntima, cálida, acústica.
"Tea for the Tillerman" (1970) y "Teaser and the Firecat" (1971) están llenos de clásicos y lo convirtieron en una de las voces que definieron esa década de introspección.
Sus canciones no gritaban: conversaban. Hablaban de la relación entre padres e hijos, del paso del tiempo, de la paz, del cuidado del mundo, con una ternura rara en alguien tan joven.
Conviene aclarar un malentendido muy extendido, porque a él lo acompaña desde hace medio siglo: "Morning Has Broken", que mucha gente da por suya, no lo es. Es un himno cristiano de 1931, con letra de Eleanor Farjeon sobre una melodía tradicional gaélica. Stevens la arregló y la popularizó, y el piano que todos recuerdan lo tocó Rick Wakeman, que ni siquiera apareció en los créditos originales.
La enfermedad, y el mar
Y acá está lo que explica el rumbo entero de su vida.
La primera vuelta llegó en febrero de 1968, cuando tenía diecinueve años: una tuberculosis grave que casi lo mata. Pasó tres meses en cama en una clínica de Londres y después una larga convalecencia en un sanatorio, cerca de un año fuera de circulación.
Ese encierro forzado, ese enfrentarse a la propia fragilidad tan joven, lo volvió introspectivo y cambió su música para siempre. De ahí salió el Cat Stevens hondo y reflexivo que el mundo amó: en esa cama escribió buena parte de lo que serían "Mona Bone Jakon", "Tea for the Tillerman" y "Teaser and the Firecat", y "Trouble" es, directamente, la canción sobre la enfermedad.
La segunda vuelta fue en 1976, en una playa de Malibú. Stevens se estaba ahogando de verdad, arrastrado por el mar, sin poder volver a la orilla. Cuenta que, desesperado, rezó, prometió que si se salvaba dedicaría su vida a Dios, y en ese momento una ola lo empujó de vuelta a la playa.
Conviene decir que esa búsqueda no empezó ahí: venía de años explorando el budismo, el zen, el I Ching, la numerología. El mar no encendió la pregunta. La intensificó.
Y faltaba el eslabón que casi nunca se cuenta. Ese mismo año, su hermano David —converso al judaísmo— le trajo de Jerusalén un Corán en inglés como regalo de cumpleaños. Él lo ha dicho sin rodeos: nunca habría tomado un Corán por su cuenta, como espíritu libre que era.
Sin ese regalo, la historia salta del mar a la mezquita sin escalas.
Dejarlo todo
Lo que vino después es de las decisiones más radicales que ha tomado una estrella de la música.
El 23 de diciembre de 1977 se convirtió al Islam en la mezquita de Regent's Park, y al año siguiente adoptó el nombre de Yusuf Islam.
Y entonces hizo algo que dejó al mundo atónito: se retiró de la música secular. No es que grabara menos; se fue.
Su último concierto fue el 22 de noviembre de 1979, en Wembley, a beneficio del Año Internacional del Niño de UNICEF.
Después subastó sus guitarras y sus cuatro discos de oro, y destinó lo recaudado a obras benéficas. Años más tarde recuperaría al menos una de esas guitarras, gracias a las gestiones de su hijo.
Dedicó su vida a su fe, a la caridad y a la educación: fundó una escuela primaria en Londres y una organización de ayuda humanitaria, y presidió otra durante casi una década. Siguió grabando, pero solo material religioso.
Para sus fans fue un golpe durísimo, y su camino no estuvo libre de polémicas a lo largo de los años.
Pero fue, sobre todo, un acto de coherencia extrema: un hombre que puso su búsqueda de sentido por encima de la fama y del dinero.
Y ni siquiera cerró la puerta del todo. En 1980 dijo que había suspendido sus actividades en la música, pero que no iba a ser dogmático y afirmar que nunca más haría música.
El regreso
Y la historia tiene un último acto, hermoso.
Después de veintiocho años alejado de la música secular, a mediados de los dos mil, Yusuf volvió a tomar la guitarra.
Volvió a grabar y a tocar en vivo, ahora como "Yusuf / Cat Stevens", reconciliando por fin sus dos identidades: el joven cantautor que había sido y el hombre de fe en que se había convertido.
En abril de 2014 entró al Salón de la Fama del Rock, presentado por Art Garfunkel, y tocó "Father and Son", "Wild World" y "Peace Train".
El público, que lo había extrañado durante décadas, lo recibió con los brazos abiertos.
Lo que hay que recordar
Cat Stevens es la prueba de que una vida puede ser una búsqueda, y de que a veces el gesto más valiente es soltar.
Si pones "Father and Son", "Wild World", "Peace Train" o "The Wind", vas a escuchar algunas de las canciones más tiernas y sabias que dio la música popular, cantadas por una voz que consuela.
Y detrás vas a encontrar a un hombre que rozó la muerte y eligió cambiar; que tuvo el coraje raro de dejar la fama por una búsqueda de sentido; y que, casi treinta años después, volvió a cantar sin rencor y sin drama, reconciliado consigo mismo.
Se puede compartir o no su fe —eso es asunto de cada uno—, pero es difícil no admirar a alguien que vivió con esa coherencia entre lo que creía y lo que hacía.
Sus canciones siguen ahí, esperando, tan suaves y tan sabias como el primer día, para acompañar a quien las necesite.
Fuentes
Cat Stevens (nombre de nacimiento Steven Demetre Georgiou; Londres, 21 de julio de 1948), cantautor británico, hijo del grecochipriota Stavros Georgiou y de la sueca Ingrid Wickman, propietarios del restaurante Moulin Rouge en Shaftesbury Avenue, sobre el que vivía la familia. Cursó un año en la Hammersmith School of Art. Sobre su nombre artístico ha dado dos explicaciones: que una novia le dijo que tenía ojos de gato, y —en entrevista con Salon en 1999— que no imaginaba a nadie pidiendo en una tienda "ese álbum de Steven Demetre Georgiou". Sus álbumes "Tea for the Tillerman" (23 de noviembre de 1970) y "Teaser and the Firecat" (octubre de 1971) lo consagraron. "Morning Has Broken" no es composición suya: es un himno cristiano de 1931 con letra de Eleanor Farjeon sobre la melodía tradicional gaélica "Bunessan"; Stevens figura como arreglista, y el piano lo tocó Rick Wakeman, omitido de los créditos originales. También compuso "The First Cut Is the Deepest", que vendió a P.P. Arnold en 1967 por 30 libras. En febrero de 1968, a los 19 años, contrajo una tuberculosis grave: pasó tres meses en cama en la Harley Street Clinic de Londres y convaleció después en el King Edward VII Sanatorium de Midhurst, cerca de un año fuera de actividad, período en el que escribió buena parte del material de sus discos siguientes; "Trouble" alude a esa enfermedad. En 1976 estuvo a punto de ahogarse en Malibú, episodio que él ha descrito como decisivo en su camino hacia la fe; algunas fuentes, entre ellas Britannica, lo fechan en 1975. Su búsqueda espiritual era anterior e incluía el budismo, el zen y el I Ching; ese mismo año su hermano David Gordon, converso al judaísmo, le regaló por su cumpleaños un Corán en inglés traído de Jerusalén. Se convirtió al Islam el 23 de diciembre de 1977 en la mezquita de Regent's Park y adoptó el nombre Yusuf Islam en 1978. Su último concierto antes del retiro fue el 22 de noviembre de 1979 en el estadio de Wembley, a beneficio del Año Internacional del Niño de UNICEF. Posteriormente subastó sus guitarras y cuatro discos de oro de la RIAA —"Buddha and the Chocolate Box", "Mona Bone Jakon", "Catch Bull at Four" y "Greatest Hits"—, destinando lo recaudado a obras benéficas; las fuentes discrepan sobre el año de la subasta. Años después recuperó su Gibson J-180 por gestiones de su hijo Yoriyos. Se retiró de la música secular, no de toda la música: siguió publicando material islámico, como "The Life of the Last Prophet" (1995) y "A Is for Allah" (2000). Fundó la Islamia Primary School (1983) y la ONG Small Kindness, y presidió Muslim Aid entre 1985 y 1993. En 1980 declaró que había suspendido sus actividades musicales pero que no sería dogmático afirmando que nunca volvería. Regresó a la música secular con "An Other Cup" (noviembre de 2006), veintiocho años después de "Back to Earth" (diciembre de 1978). Ingresó al Salón de la Fama del Rock and Roll el 10 de abril de 2014, presentado por Art Garfunkel. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, Britannica, Songwriters Hall of Fame, Salon, BBC y otras coberturas de prensa.
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