Rebobinados

La memoria viva de la música, década por década.

Década 90s · Ritmo britpop

The Verve

Veintidós años sin poder decirlo

Por Rebobinados · Publicado el 16 de septiembre de 2026

rebobinado 266 veces
The Verve: Veintidós años sin poder decirlo

Ilustración: Rebobinados

Hay una crueldad perfecta en la historia de The Verve.

Escribieron una canción llamada "Bitter Sweet Symphony" —sinfonía agridulce—, sobre lo agridulce que es la vida. Y esa misma canción se convirtió en la historia más agridulce de sus propias vidas.

Fue un himno inmenso, de los más grandes de su década, y su autor no pudo llamarla suya, ni cobrar un peso por ella, durante veintidós años.

Wigan, 1990

The Verve se formó en Wigan, en el norte de Inglaterra, en 1990, alrededor de Richard Ashcroft —un cantante intenso, casi mesiánico, y letrista— y del guitarrista Nick McCabe, que envolvía todo en capas psicodélicas y atmosféricas.

Fueron una banda volátil, que se separó y se reunió varias veces.

Pero en 1997, en uno de esos reencuentros, grabaron su obra maestra: "Urban Hymns", un disco que su sello cifra en más de diez millones de copias vendidas y que los volvió una de las bandas más grandes de la era posterior al Britpop.

Ahí estaban "The Drugs Don't Work" —que entró directo al número uno en el Reino Unido—, "Lucky Man", y sobre todo "Bitter Sweet Symphony", con ese arreglo de cuerdas majestuoso que la volvió inolvidable, y con ese video icónico de Ashcroft caminando por una calle de Londres, chocando con la gente sin detenerse jamás.

El error de cuatro compases

Y ahí empezó la pesadilla.

Ese arreglo de cuerdas estaba construido sobre un sample de una versión orquestal de una vieja canción de los Rolling Stones, "The Last Time", grabada por la orquesta de su ex mánager, Andrew Loog Oldham.

The Verve había pedido permiso a la disquera Decca para usar la grabación, y lo tenía. Lo que no habían despejado del todo eran los derechos de la composición de fondo, la de Jagger y Richards.

Para cuando el sello se dio cuenta del error, ya había millones de discos fabricados y la canción era un éxito mundial.

Y entonces apareció Allen Klein, el ex mánager de los Stones: un negociador temible, dueño del catálogo antiguo de la banda y enemigo furibundo del sampleo. Había un acuerdo previo por la mitad de los derechos, y Klein lo dio por invalidado.

El asunto nunca llegó a juicio. Se resolvió negociando, y el resultado fue de una injusticia brutal: The Verve tuvo que ceder el cien por ciento de los derechos de edición de la canción, y el crédito de composición pasó a decir "Jagger / Richards / Ashcroft", cuando Ashcroft había escrito cada palabra y cada melodía, y el préstamo era apenas una figura de cuerdas.

Lo que eso significa

Piénsalo un momento.

El tipo escribió entera una de las mejores canciones de su época, la vio convertirse en un himno global, y no solo no cobró nada por ella: durante más de veinte años, el mundo creyó que la habían escrito otros.

Su mánager lo dijo con crudeza: para un compositor, sus canciones son como sus hijos, y a Ashcroft le habían arrancado uno.

Fue devastador para él, y con razón.

El cierre luminoso

Pero la historia, esta vez, tuvo un final que casi nunca se da.

El 23 de mayo de 2019 —el mismo día en que recibía un premio Ivor Novello por su trayectoria—, se supo que Mick Jagger y Keith Richards, junto a Jody Klein, el hijo de Allen Klein y heredero de ABKCO, le devolvían voluntariamente a Ashcroft los derechos y el crédito de la canción.

Allen Klein había muerto casi diez años antes, en julio de 2009. Durante todo el conflicto, Jagger y Richards se habían quedado callados, y habían ganado una fortuna con el asunto.

Veintidós años después, "Bitter Sweet Symphony" volvía a ser suya.

Ashcroft dijo que era algo que le devolvía la fe. Y resumió lo que significaba con una frase doméstica y desarmante: al menos ahora puede sentarse al lado de su hijo y decirle "sí, esa la escribí yo".

Fue un gesto tardío, pero noble.

Una sinfonía agridulce

The Verve hizo un puñado de discos hermosos y una canción absolutamente inmortal, y su historia terminó siendo, ella misma, una sinfonía agridulce: una obra maestra que le quitaron a su autor y que, después de dos décadas, le fue restituida.

Si pones "Bitter Sweet Symphony", "The Drugs Don't Work" o "Lucky Man", vas a escuchar a una banda que rozó la grandeza, y a un hombre que escribió una de las grandes canciones de su tiempo y tuvo que esperar veinte años para que le permitieran decirlo en voz alta.

Despojo primero, y al final justicia. No hay mejor manera de describir esa historia que con el nombre de la propia canción.

Fuentes

The Verve, banda de rock inglesa formada en Wigan en 1990, integrada por Richard Ashcroft (voz, letras), Nick McCabe (guitarra), Simon Jones (bajo) y Peter Salisbury (batería); de sonido psicodélico y épico, tuvo una historia con varias separaciones y reuniones. Su tercer álbum, "Urban Hymns" (1997), es citado por su sello en más de 10 millones de copias vendidas en el mundo (10× platino en el Reino Unido) e incluyó "The Drugs Don't Work", que entró directo al número uno británico el 1 de septiembre de 1997, "Lucky Man" y "Bitter Sweet Symphony". Esta última se construyó sobre un sample de una versión orquestal de la Andrew Oldham Orchestra de la canción "The Last Time" de los Rolling Stones. The Verve obtuvo autorización de Decca para el uso de la grabación, pero no despejó completamente los derechos de la composición subyacente (Jagger-Richards); existía un acuerdo previo por el 50% que el ex mánager de los Stones, Allen Klein (ABKCO), consideró invalidado. El caso no llegó a sentencia: se resolvió extrajudicialmente, con ABKCO quedándose con el 100% de los derechos de edición y con el crédito de composición asignado a Jagger/Richards/Ashcroft, pese a que Ashcroft escribió íntegramente la letra y la melodía. El 23 de mayo de 2019, el mismo día en que Ashcroft recibía un premio Ivor Novello, Jagger, Richards y Jody Klein —hijo de Allen Klein, fallecido el 4 de julio de 2009— cedieron voluntariamente los derechos y el crédito a Ashcroft, que declaró: "At least I can sit next to my son now and go, 'Yeah, I wrote that'". El videoclip, con Ashcroft caminando por una calle de Londres, es uno de los más icónicos de la década. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de NPR, Variety, Official Charts, NME, Wikipedia y otras coberturas de prensa.

Rebobina con nosotros

Comentarios · 0

Nadie ha comentado todavía. Abre la conversación.