Counting Crows
La fama no curaba nada
Por Rebobinados · Publicado el 17 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
Hay bandas de himnos y hay bandas de cuentos. Counting Crows es de las segundas.
Sus canciones no son consignas para gritar en un estadio: son relatos, pequeñas películas llenas de personajes, de calles, de nombres, de noches de bar y de mañanas tristes.
Y están cantadas por una de las voces más particulares de los noventa: la de Adam Duritz, herida, cálida, temblorosa, heredera de Van Morrison.
Relatos hechos canción
Counting Crows se formó en 1991, en el área de la bahía de San Francisco —normalmente se cita Berkeley—, cuando Adam Duritz y el guitarrista David Bryson empezaron a tocar como dúo acústico en micrófonos abiertos.
En 1993, su disco debut, "August and Everything After", producido por T-Bone Burnett, fue un fenómeno: siete millones de copias vendidas en Estados Unidos, unos diez en el mundo, y la banda convertida casi de un día para otro en estrellas.
La clave estaba en las canciones. "Mr. Jones", su gran éxito, con esa melodía luminosa e inmediata. "Round Here", un retrato melancólico y cinematográfico de gente perdida en un pueblo. Y años después "A Long December", una de las canciones más hermosas y tristes sobre esa sensación de fin de año en que uno mira lo que pasó y espera que el próximo sea mejor.
La música de Counting Crows —una mezcla cálida de folk, rock y soul, en la tradición de The Band y R.E.M.— es de esas que envejecen bien, porque no dependían de una moda sino de algo más difícil: contar bien una historia y hacerla sentir.
El sueño que resultó mentira
Y acá está el matiz que lo explica todo, y que hace de "Mr. Jones" una canción mucho más honda de lo que parece.
La canción nació de una noche real. Duritz salió con su amigo Marty Jones, bajista de una banda anterior, a ver tocar al padre de Marty, un guitarrista flamenco, y después terminaron en un bar de Columbus, en San Francisco, soñando con ser estrellas de rock, convencidos de que cuando fueran famosos y todos los quisieran, nunca más iban a sentirse solos.
Es una canción alegre, pegajosa, sobre desear la fama.
Y la ironía brutal es que Duritz consiguió exactamente eso —la fama total, de golpe— y descubrió que era mentira: que ser amado por millones de desconocidos no cura la soledad ni arregla lo que uno tiene roto por dentro.
Con los años le fue tomando ojeriza. Cambiaba versos en vivo para desmentir el deseo que la canción expresaba, y dejó de tocarla todas las noches. No es que renegara de ella —ha dicho que la quiere—, sino que aprendió en carne propia que el sueño que describía era falso.
Poca gente vive la refutación de su propio éxito más grande.
Y conviene aclarar algo que suele contarse mal: la canción no trata sobre Marty. Duritz lo ha dicho con todas sus letras: escribió una canción sobre sí mismo, y dio la casualidad de que esa noche andaba con él.
La condición que lo explica
Porque Adam Duritz cargaba, y carga, algo real y difícil: un trastorno de despersonalización y desrealización, una forma de trastorno disociativo.
Es una sensación de que el mundo, y a veces uno mismo, no son del todo reales, como si uno viviera detrás de un vidrio. Se sinceró sobre eso en una entrevista publicada por una revista en 2008, y lo ha repetido después: no es un episodio, es algo de todos los días, y no se va a ninguna parte.
Y ese es, quizás, el corazón secreto de la música de Counting Crows: esa mirada extrañada sobre la realidad, esa melancolía de quien observa la vida desde un paso más atrás, esa necesidad de nombrar y detallar el mundo —las calles, la lluvia, la gente— casi para agarrarse de él.
La fama, para alguien así, en vez de un premio fue otra capa de irrealidad.
Duritz hizo algo valiente: en vez de esconderlo, habló de su salud mental durante años, cuando casi nadie lo hacía, y con eso ayudó a que otros pudieran nombrar lo suyo.
Dos notas de aquella época
Hay un par de cosas de esos años que conviene aclarar.
La primera es musical, y sorprende a cualquiera: Counting Crows tiene una canción pegadísima de banda sonora, "Accidentally in Love", el tema luminoso y saltarín que abre "Shrek 2", en 2004. Estuvo nominada al Óscar a la mejor canción original, la tocaron en la ceremonia, y perdió —vale la pena decirlo— ante "Al otro lado del río", de Jorge Drexler, la primera canción en español en ganar ese premio.
La segunda es más triste, y es el cruce con "Friends": en la cima del éxito, Duritz salió primero con Jennifer Aniston, algo breve, en 1995, y después, más largamente, con Courteney Cox, a quien conoció cuando ella apareció en el video de "A Long December". Fueron relaciones consecutivas, no simultáneas.
Lo interesante, y muy de él, es cómo lo cuenta hoy: conecta esas relaciones intensas y frágiles con su enfermedad sin tratar y con lo desorientadora que fue la fama repentina, esa sensación de apegarse rápido y fuerte a la gente mientras por dentro se caía a pedazos.
Hasta sus romances más comentados terminan hablando, en el fondo, de lo mismo que sus canciones: la soledad, y lo raro que se sentía estar vivo.
Lo que hay que recordar
Counting Crows es la prueba de que una canción puede ser un cuento, y de que la melancolía bien contada es una de las cosas más consoladoras que existen: escuchar a alguien poner en palabras esa tristeza difusa que uno no sabía nombrar.
Si pones "Mr. Jones", "A Long December", "Round Here" o "Colorblind", vas a escuchar a una gran banda de rock de los noventa, sí, pero sobre todo a un narrador extraordinario cantando sobre la soledad, el deseo, y lo raro que es a veces estar vivo.
Detrás de esas canciones hay un hombre que soñó con la fama, la consiguió, descubrió que no lo salvaba, y tuvo el coraje de contarlo.
Esa honestidad —la de no fingir que el éxito arregla lo que uno tiene adentro— es rara, y es preciosa.
Por eso sus canciones, treinta años después, siguen sonando tan verdaderas.
Este texto menciona la salud mental. Si tú o alguien que conoces lo necesita, en Chile puedes llamar a Salud Responde, 600 360 7777, que orienta las 24 horas, y ante una crisis de salud mental o ideación suicida existe la línea *4141 del Ministerio de Salud, gratuita y disponible las 24 horas desde teléfonos celulares.
Fuentes
Counting Crows, banda estadounidense de rock formada en 1991 en el área de la bahía de San Francisco —habitualmente se cita Berkeley como su origen— por el cantante Adam Fredric Duritz (Baltimore, Maryland, 1 de agosto de 1964) y el guitarrista David Bryson, que empezaron como dúo acústico en circuitos de micrófono abierto. Su álbum debut, "August and Everything After" (14 de septiembre de 1993, producido por T-Bone Burnett), alcanzó el número 4 del Billboard 200 y fue certificado 7× platino por la RIAA en octubre de 1996, con ventas mundiales estimadas en unos 10 millones; incluyó "Mr. Jones" y "Round Here". La afirmación de que fue "el álbum de venta más rápida desde Nevermind" es una fórmula promocional de la época que las cifras no respaldan. Entre sus éxitos posteriores está "A Long December" (de "Recovering the Satellites", 1996). Su estilo mezcla folk, rock y soul, con influencias de Van Morrison, The Band y R.E.M. "Mr. Jones" surgió de una noche en San Francisco con Marty Jones, bajista de la banda previa de Duritz, The Himalayans, tras ver tocar al padre de Marty, el guitarrista flamenco David Serva; Duritz ha precisado que escribió una canción sobre sí mismo y que Marty simplemente estaba ahí esa noche. Con los años dejó de tocarla cada noche y llegó a alterar versos en directo, incómodo con la ironía del tema, aunque ha dicho que la quiere. Duritz padece un trastorno de despersonalización y desrealización, una forma de trastorno disociativo, del que se sinceró en una entrevista publicada por Men's Health en abril de 2008 —texto que salió en primera persona pero que él no escribió— y sobre el que ha hablado repetidamente después; su franqueza contribuyó a visibilizar la salud mental. En 2004, Counting Crows compuso e interpretó "Accidentally in Love" para la escena de apertura de "Shrek 2"; fue nominada al Óscar a la mejor canción original en la 77ª ceremonia (2005), donde la banda la interpretó, y el premio fue para "Al otro lado del río", de Jorge Drexler. En la cúspide de su fama, Duritz mantuvo una relación breve con Jennifer Aniston en 1995 y, después, una más larga con Courteney Cox, a quien conoció tras su aparición en el video de "A Long December"; él las ha vinculado retrospectivamente con su enfermedad no tratada y con los efectos desorientadores de la fama repentina. La banda continúa en actividad. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, RIAA, Houstonia, HuffPost, San Francisco Chronicle, Minsal y otras coberturas de prensa.
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