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Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

La banda que no pidió permiso

Por Rebobinados · Publicado el 1 de octubre de 2026

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Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: La banda que no pidió permiso

Ilustración: Rebobinados

Hubo una banda en Argentina que se volvió una de las más grandes del rock en español prácticamente de espaldas a la televisión, sin dar casi entrevistas, sin dejar que la industria les pusiera un dedo encima. Los Redonditos de Ricota hicieron casi todo al revés de lo que manda el manual del éxito, y por eso mismo se convirtieron en algo más que una banda: en una religión laica, con sus fieles —los "ricoteros"—, sus rituales y sus códigos.

La Plata y una sociedad genial

Los Redondos nacieron en La Plata hacia 1976, y su corazón fueron dos figuras opuestas y complementarias: el Indio Solari, la voz y el autor de las letras, un poeta oscuro, críptico, brillante; y Skay Beilinson, el guitarrista, dueño de un sonido y unos riffs inconfundibles. Alrededor de ellos giraba un colectivo bautizado con el nombre imaginario de "Patricio Rey", una especie de personaje-mito que englobaba a la banda y a toda su tribu, con Semilla Bucciarelli en el bajo, Walter Sidotti en la batería y Sergio Dawi en el saxo.

Desde el principio dejaron algo claro: harían las cosas a su manera. Nada de sellos grandes mandando, nada de reglas ajenas, autogestión pura en una época en que eso era casi imposible. Y la televisión, que para cualquier banda de los ochenta era el camino obligado, en su caso casi no existió: Solari la despachó alguna vez como "un viaje para el ojo idiota". Hubo apariciones sueltas —una entrevista en 1985, algún paso por estudios en los noventa—, pero como estrategia la decisión fue no estar ahí. El público lo premió con una lealtad feroz.

Oktubre y el fenómeno ricotero

Su música era rock potente, con poesía encriptada que los fans desmenuzaban como si fueran textos sagrados. Discos como Gulp! y sobre todo Oktubre, de 1986, se volvieron monumentos del rock argentino, y canciones como "Ji Ji Ji" se transformaron en himnos que multitudes enteras cantaban a los saltos.

Porque un recital de los Redondos no era un show: era una peregrinación. Los ricoteros llegaban de todo el país, acampaban días antes, tenían su propia estética y su propio lenguaje. Se generaba algo tribal que no se parecía a nada.

Ese fenómeno tuvo también su costado oscuro, y contarlo entero es parte de contarlo bien. Los recitales acumularon años de operativos policiales, episodios de violencia y prohibiciones municipales. En 1991, tras una razzia en un concierto de la banda, murió Walter Bulacio, un joven de diecisiete años detenido por la policía; el caso se convirtió en uno de los símbolos de la violencia institucional en Argentina y llegó hasta la Corte Interamericana. La historia de los Redondos no se entiende sin esa sombra.

La ruptura del mito

Como toda gran sociedad creativa, la del Indio y Skay también se agrietó. El último concierto fue el 4 de agosto de 2001, en el Chateau Carreras de Córdoba, ante unas cincuenta mil personas. La separación se anunció tres meses después, el 2 de noviembre.

Las razones fueron más que un choque de egos: hubo diferencias artísticas, pero también una disputa por el control del proyecto y por los archivos históricos de la banda, y el desgaste acumulado de años de violencia y prohibiciones alrededor de los recitales. Cada uno siguió su camino solista —el Indio con sus convocatorias multitudinarias, Skay con su propia banda—, pero Los Redondos, como tales, no volvieron a tocar jamás.

El Indio Solari, que convivió con el Parkinson en sus últimos años, murió el 5 de junio de 2026, a los setenta y siete. Su despedida fue enorme: en plazas de toda la Argentina los ricoteros se reunieron en "misas" espontáneas para llorarlo y cantarle, hubo banderazos en el Obelisco y en Plaza de Mayo, y más de doscientas mil personas pasaron por el velatorio público en Avellaneda. Se fue un ídolo popular como quedan pocos.

Lo que hay que recordar

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota le enseñaron al rock que la independencia es posible, y que la conexión más profunda con la gente no se compra con publicidad ni con televisión: se gana con coherencia. Fueron una banda dueña de su destino, que convirtió a su público en una comunidad y sus recitales en ceremonias.

Esa comunidad tuvo un precio que no siempre se nombra, y que un chico de diecisiete años pagó entero. Decirlo no empaña el legado: lo completa. Con la poesía del Indio y la guitarra de Skay dejaron un cancionero que varias generaciones siguen coreando a los saltos. Cuando suena "Ji Ji Ji" y una multitud entera salta como un solo cuerpo, ahí está su mayor obra: no un disco, sino un pueblo. Y esa clase de legado no se apaga nunca.


Fuentes

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue una banda argentina de rock formada en La Plata hacia 1976. Sus figuras centrales fueron el Indio Solari (Carlos Alberto Solari; voz y letras) y Skay Beilinson (guitarra), junto a Semilla Bucciarelli (bajo), Walter Sidotti (batería) y Sergio Dawi (saxo). Se caracterizaron por su independencia respecto de los grandes sellos y por mantenerse casi por completo al margen de la televisión, aunque registraron apariciones puntuales, entre ellas una entrevista televisiva en 1985. Su álbum "Oktubre" (1986) y canciones como "Ji Ji Ji" son emblemas del rock argentino; sus recitales convocaban a multitudes de seguidores conocidos como "ricoteros". El 19 de abril de 1991, tras una razzia policial en un concierto de la banda en Obras Sanitarias, fue detenido Walter Bulacio, de 17 años, que murió días después; el caso se convirtió en un emblema de la violencia institucional en Argentina y llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los recitales de la banda estuvieron marcados por operativos policiales y prohibiciones municipales en varias ciudades. Su último concierto se realizó el 4 de agosto de 2001 en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba, ante unas 50.000 personas, y la separación definitiva se anunció el 2 de noviembre de ese año; además de diferencias artísticas entre Solari y Beilinson, mediaron disputas por el control del proyecto y los archivos de la banda. El grupo nunca volvió a reunirse. El Indio Solari, diagnosticado de Parkinson hacia 2016, murió el 5 de junio de 2026, a los 77 años; su muerte dio lugar a "misas ricoteras" espontáneas en plazas de todo el país, banderazos en Plaza de Mayo y el Obelisco, y un velatorio público en Avellaneda al que asistieron más de 200.000 personas. Perfil elaborado para Rebobinados con verificación de datos; las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de La Nación, Infobae, Rolling Stone en Español, El Destape, Wikipedia y otras coberturas.

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