Robert Smith
La casa de los tristes
Por Rebobinados · Publicado el 10 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
En marzo de 2023, cuando The Cure puso a la venta las entradas de su gira americana, Robert Smith se metió en Twitter para decir que las comisiones de Ticketmaster le daban asco y que iba a preguntar cómo las justificaban. Al día siguiente anunció que había conseguido que devolvieran parte del dinero: diez dólares a quien hubiera comprado la entrada más barata, cinco a todos los demás. La banda ya había impuesto sus condiciones antes: nada de precios dinámicos, nada de entradas platino, entradas intransferibles para que los reventa no pudieran revenderlas. El precio medio quedó en 68,57 dólares.
Un hombre de sesenta y tres años, con el pelo como una maraña de arañas y el labial rojo corrido, peleándose con la empresa más grande del negocio por diez dólares. Ese es el personaje. Y para entender por qué a millones de personas les importa tanto, hay que ir bastante más atrás.
Las dos caras del mismo disco
Robert Smith nació en Blackpool el 21 de abril de 1959 y fundó The Cure en 1976. Desde entonces es lo único que nunca cambió en la banda: compone, canta y pone la cara. Con esa sola pinta —la palidez, el pelo, el maquillaje corrido a propósito— inventó el aspecto de toda una subcultura, y lo hizo casi sin querer, siendo una estrella de rock reticente que nunca pareció disfrutar del papel.
Pero lo que lo vuelve único no es la pinta. Es que sostuvo dos cosas opuestas al mismo tiempo, sin elegir nunca.
The Cure podía ser la banda más desolada de la Tierra. Pornography, de 1982, suena a alguien deshaciéndose por dentro y sin ganas de disimularlo. Disintegration, de 1989, es una catedral de duelo que sigue siendo su obra maestra. Y la misma banda, a veces en el mismo disco, escribía el pop más luminoso que puedas imaginar: "Friday I'm in Love", "Just Like Heaven", "The Lovecats", "Boys Don't Cry".
La lectura fácil es decir que eran dos bandas. Yo creo lo contrario: que ahí está la honestidad. Así es una vida interior de verdad. Nadie está triste todo el tiempo ni contento todo el tiempo; uno es melancólico y ridículo el mismo martes. Smith se negó a resolver esa contradicción porque resolverla habría sido mentir. Le dio dignidad a la tristeza y permiso a la alegría, con la misma voz y sin pedir disculpas por ninguna de las dos.
La canción sencilla dentro del disco más oscuro
Y hay un detalle que da vuelta toda esa oscuridad como un guante.
Smith conoció a Mary Poole a los catorce años, en una clase de teatro del colegio. No se separó nunca más de ella. Se casaron en 1988 y siguen juntos. Y en Disintegration, el disco más desolado que hizo, la única canción luminosa, simple y sin defensas —"Lovesong"— se la escribió a Mary como regalo.
Lo que dijo de ella es lo que más me gusta de todo este perfil: que es "una muestra abierta de emoción, que no intenta ser ingeniosa", y que le tomó diez años llegar al punto de sentirse cómodo cantando una canción de amor así de directa. Diez años. El poeta de la desesperación necesitó una década de práctica para permitirse escribir algo sencillo.
Esa es la clave de por qué su tristeza nunca fue pose. Un hombre que se pasa la vida con su amor de la adolescencia y que tarda diez años en atreverse a decirlo en voz alta no está actuando de deprimido. Está siendo, exactamente, quien es.
Por qué se lo quiere tanto acá
A los chicos que eran los raros del curso —los muy melancólicos, los muy intensos, los que no encajaban en ninguna parte— Robert Smith les dijo con todo el cuerpo que se podía ser así y ser hermoso, y no estar solo. Generaciones enteras encontraron una casa en The Cure, y en ningún lugar tanto como en Latinoamérica, donde se los quiere con una devoción que sorprende hasta a ellos: estadios llenos en Chile, en México, en Argentina, cantándose cada palabra.
No es casualidad. Es el mismo fenómeno que hace que Latinoamérica ame a Depeche Mode como en ninguna otra parte del mundo: música inglesa, fría y triste, que en este continente se recibió con un calor que sus autores no esperaban. Acá la melancolía no se vive como un defecto que hay que curar sino como algo que se comparte, y The Cure llegó con la banda sonora exacta para eso.
El tema de siempre, ahora de verdad
En noviembre de 2024, después de dieciséis años sin publicar un disco, The Cure volvió con Songs of a Lost World. Y esta vez la pérdida no era literaria: Smith había enterrado a su hermano. El álbum habla de eso, y "Endsong" nació de un recuerdo suyo mirando el alunizaje del Apolo 11 con su padre, en 1969.
Hay un detalle que lo humaniza. El disco iba a ser todavía más oscuro, y fue Mary —la misma Mary— quien le dijo que así nadie lo iba a escuchar. Le hizo caso. Salió número uno en el Reino Unido, el primero desde 1992, con 93 sobre 100 en Metacritic y un Grammy al mejor disco alternativo.
El hombre que había cantado el duelo durante cuarenta y ocho años tuvo por fin que cantarlo desde adentro, y resultó que seguía siendo, exactamente, la persona indicada para hacerlo. No había estado ensayando: había estado esperando.
Robert Smith está vivo, sigue de gira y sigue haciendo que lo triste y lo raro se sientan en casa. Su regalo no fue la melancolía sino el permiso: demostró que no es un defecto que haya que esconder, sino algo que se puede volver hermoso, bailar, y cantar en un estadio con otras cuarenta mil personas que sienten lo mismo. Si alguna vez lloraste con "Pictures of You", o "Friday I'm in Love" te iluminó una semana gris, o te pintaste los ojos de negro y sentiste por una vez que alguien te entendía, Robert Smith ya estaba contigo. Construyó una casa para los tristes y dejó la puerta abierta.
Fuentes
Robert James Smith nació el 21 de abril de 1959 en Blackpool, Inglaterra. Es cofundador, vocalista, guitarrista, principal compositor y único miembro continuo de The Cure, banda formada en 1976. Su imagen —cabello enmarañado, labial rojo corrido, palidez— se volvió emblemática de la subcultura gótica. La banda alternó discos sombríos ("Pornography", 1982; "Disintegration", 1989) con sencillos pop luminosos ("Friday I'm in Love", "Just Like Heaven", "The Lovecats", "Boys Don't Cry"). Smith está casado con Mary Theresa Poole desde 1988. Sobre "Lovesong", incluida en "Disintegration", declaró que es "una muestra abierta de emoción, que no intenta ser ingeniosa" y que le tomó diez años sentirse cómodo cantando una canción de amor tan directa. En marzo de 2023, durante la venta de entradas de la gira norteamericana, Smith criticó públicamente las comisiones de Ticketmaster; al día siguiente anunció que la empresa devolvería parte de los cargos (10 dólares a los compradores de las entradas más baratas y 5 al resto). La banda había rechazado los precios dinámicos y las entradas platino y las había hecho intransferibles; el precio medio de las entradas fue de 68,57 dólares. "Songs of a Lost World" se publicó el 1 de noviembre de 2024, dieciséis años después de "4:13 Dream" (2008); trata sobre la muerte del hermano de Smith, y "Endsong" se inspiró en su recuerdo de ver el Apolo 11 junto a su padre en 1969. Alcanzó el número uno en el Reino Unido —el primero desde "Wish" (1992)—, obtuvo 93 sobre 100 en Metacritic y ganó el Grammy al mejor álbum de música alternativa. Según lo publicado, Mary Poole le hizo notar que la versión original, más oscura, no encontraría oyentes. Continúa en actividad. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia y coberturas de prensa.
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