Década 70s · Ritmo progresivo
Roger Waters
El hombre que divide, pidiendo empatía
Por Rebobinados · Publicado el 12 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
El 18 de febrero de 1944, en Aprilia, cerca de Anzio, murió un teniente segundo del ejército británico llamado Eric Fletcher Waters. Su hijo Roger tenía cinco meses. Lo recuerdan en el cementerio de guerra de Cassino. El abuelo de Roger ya había muerto en la Primera Guerra Mundial: dos generaciones tragadas por la guerra antes de que el niño pudiera conocer a ninguna de las dos.
Toda la obra de Roger Waters sale de ahí. Y también, probablemente, la paradoja que lo define hoy.
El padre que cambió de idea
Hay un detalle en la historia de Eric Waters que conviene no saltarse. Era maestro de escuela, de izquierda, y empezó la guerra como objetor de conciencia: se negó a pelear y manejó una ambulancia durante los bombardeos de Londres. Después cambió de idea sobre el pacifismo, se enroló en el ejército territorial y fue nombrado teniente segundo. Es decir: no era un soldado convencido, era un pacifista que decidió que contra aquello sí había que pelear. Y esa decisión lo mató.
Su viuda crió sola a Roger en Cambridge. Waters ha dicho que lo que sus padres le enseñaron fue a sentir empatía por los demás seres humanos. Guarda esa palabra, empatía, porque es la que sostiene todo lo que viene después y también la que vuelve incómodo el final.
El que convirtió el disco en un edificio
Waters cofundó Pink Floyd en 1965. Cuando Syd Barrett, el genio original de la banda, se perdió, Waters se convirtió en su cabeza conceptual, y con eso empujó una idea que estaba en el aire de la época: que un álbum podía ser una obra entera y no una colección de canciones. Es la misma ambición que definió al rock progresivo, aunque Pink Floyd casi nunca sonara como sus vecinos de estante.
The Dark Side of the Moon, de 1973, sobre el tiempo, el dinero, la locura y la muerte. Wish You Were Here, de 1975, sobre la ausencia y sobre Barrett. Animals, de 1977, una radiografía orwelliana de una sociedad cruel. Y The Wall, de 1979, la épica casi autobiográfica sobre cómo una persona —el padre muerto, la madre asfixiante, la crueldad del colegio, la soledad de la fama— se levanta un muro alrededor hasta quedarse loca y sola.
Esa fue su gran idea, y funcionó porque no era solo suya. Todos construimos algo parecido. Waters le puso una imagen a un mecanismo que cualquiera reconoce: el ladrillo que uno pone cada vez que algo duele.
El muro que sí se cayó
En julio de 1990, con el Muro de Berlín recién derribado, Waters montó The Wall en el terreno baldío que había quedado entre Potsdamer Platz y la Puerta de Brandeburgo. Fueron unas doscientas mil personas —hay quien dice el doble— y alrededor de mil millones viéndolo por televisión, con invitados como Joni Mitchell y Bryan Adams.
Es probablemente el gesto más redondo de su carrera: la metáfora privada de un hombre convertida, por una vez, en una celebración pública de los muros que se caen.
Y los muros que levantó él
Pero el hombre que predicaba la conexión era, de cerca, difícil. Su control creativo sobre Pink Floyd se volvió, según sus propios compañeros, una tiranía. Chocó con todos y en especial con David Gilmour. Se fue en 1985 y en octubre de 1986 llevó a la banda a los tribunales para disolver la sociedad, con el argumento de que Pink Floyd era "una fuerza creativamente agotada". No hubo sentencia: acordaron fuera del tribunal en diciembre de 1987, y Waters se quedó con los derechos del concepto de The Wall y del cerdo inflable. Los otros siguieron usando el nombre. La pelea con Gilmour no ha cicatrizado nunca.
El que escribió sobre los muros levantó unos cuantos propios, con la gente más cercana. No es una ironía barata: es el material del que está hecho The Wall.
La parte incómoda
Y hay que decirlo, porque es parte de quién es hoy. Roger Waters es una de las figuras más divisivas del rock. Activista desde estudiante, defiende la causa palestina y otras banderas, y se opone a la extrema derecha. Para quienes lo admiran, es de los pocos artistas que arriesga su prestigio por lo que cree. Para sus críticos —entre ellos el Estado de Israel—, su activismo cruza hacia el antisemitismo.
Waters rechaza esa acusación de plano. Sostiene que confunde deliberadamente el antisionismo con el antisemitismo, la llama una "táctica de distracción", insiste en que su crítica apunta a la política del Estado de Israel y no a los judíos, y se describe como víctima de una campaña de cancelación.
Rebobinados no viene a resolver esa discusión, y sería deshonesto fingir que puede. Dónde queda uno parado frente al Waters activista depende bastante de dónde estaba parado antes. Lo que sí se puede decir sin tomar partido es lo otro: que el hombre que escribió el gran himno contra los muros es hoy, él mismo, alguien que parte una sala en dos.
El niño de cinco meses
Detrás del gigante y del pararrayos hay un hombre marcado por una ausencia que nunca pudo llenar. Le preguntaron una vez que resumiera su vida y contestó que había llorado mucho, amado mucho, cometido muchos errores y tenido la cantidad justa de alegría.
Sigue vivo, sigue de gira y sigue armando espectáculos del tamaño de una catedral. Y pienses lo que pienses de su política, la obra es un monumento. Tomó lo peor que le pasó —un padre borrado por la guerra antes de que pudiera conocerlo— y lo convirtió en música que le pide al planeta entero que derribe sus muros.
Si alguna vez te quedaste a oscuras escuchando The Dark Side of the Moon, o "Wish You Were Here" le puso nombre a una ausencia tuya, o entendiste oyendo The Wall los ladrillos que habías ido poniendo, Waters ya te alcanzó. Anda a escucharlo de nuevo con la paradoja puesta encima: el hombre que divide, rogando por la empatía. Las dos cosas son verdad, y ninguna cancela a la otra.
Fuentes
George Roger Waters nació el 6 de septiembre de 1943 en Great Bookham, Surrey, Inglaterra. Su padre, Eric Fletcher Waters, maestro de escuela y militante de izquierda, fue objetor de conciencia y condujo una ambulancia durante los bombardeos sobre Londres; posteriormente cambió su postura pacifista, se enroló en el ejército territorial y fue nombrado teniente segundo. Murió el 18 de febrero de 1944 en Aprilia, Italia, durante la batalla de Anzio, cuando Roger tenía cinco meses; está conmemorado en el cementerio de guerra de Cassino. El abuelo de Waters murió en la Primera Guerra Mundial. Waters cofundó Pink Floyd en 1965 y, tras la crisis de Syd Barrett, se convirtió en la fuerza conceptual de la banda: "The Dark Side of the Moon" (1973), "Wish You Were Here" (1975), "Animals" (1977) y "The Wall" (1979). Dejó Pink Floyd en 1985 e inició acciones judiciales en octubre de 1986 para disolver la sociedad, calificando a la banda de "fuerza creativamente agotada"; el caso se resolvió mediante acuerdo extrajudicial en diciembre de 1987, y Waters conservó los derechos sobre el concepto de "The Wall" y sobre el cerdo inflable. Su conflicto con David Gilmour se ha mantenido. En julio de 1990 presentó "The Wall" en el terreno situado entre Potsdamer Platz y la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, tras la caída del Muro, ante unas 200.000 personas —algunas fuentes estiman el doble— y alrededor de mil millones de espectadores por televisión, con invitados como Joni Mitchell y Bryan Adams. Waters es un activista de larga data; sus posturas políticas, en particular sobre el conflicto israelí-palestino, generan una controversia intensa: sectores de la opinión pública y el Estado de Israel lo han acusado de antisemitismo. Waters rechaza la acusación, sostiene que confunde deliberadamente antisionismo con antisemitismo, la describe como una "táctica de distracción" y afirma que su crítica se dirige a la política del Estado de Israel y no al pueblo judío. Este texto expone esa controversia sin tomar posición. Continúa en actividad. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia y coberturas de prensa.
Sigue rebobinando

70s
progresivo
Jean-Michel Jarre
Veinticinco veces en toda la vida
Su padre era Maurice Jarre, tres Óscar por "Lawrence de Arabia", "Doctor Zhivago" y "Pasaje a la India", y se fue de casa cuando él tenía 5 años: «nos vimos veinte o veinticinco veces en toda la vida». *Oxygène* salió en diciembre de 1976, grabado en la antigua cocina de su piso con un Mellotron roto, y vendió unos 18 millones. De la herencia del padre no recibió nada: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo desestimó el 15 de febrero de 2024.

70s
progresivo
Roger Hodgson
Las dos muñecas y el pacto roto
"Dreamer" y "Breakfast in America" son suyas, escritas a los diecinueve años, aunque se le atribuyan a Rick Davies. En 1983 dejó Supertramp con un pacto verbal que Davies rompió cinco años después, y en 1987 se cayó de un altillo y se rompió las dos muñecas: le dijeron que no volvería a tocar. Davies murió el 6 de septiembre de 2025, a los 81 años.

70s
progresivo
Yes
Las catedrales y el nombre prestado
El único número uno estadounidense de Yes, "Owner of a Lonely Heart", lo grabó en rigor otra banda: Chris Squire, Alan White, Tony Kaye y el guitarrista Trevor Rabin habían montado un grupo llamado Cinema, y en junio de 1983 los ejecutivos de Atlantic sugirieron que se llamara Yes. Jon Anderson se sumó con el disco ya encaminado.
Rebobina con nosotros
Comentarios · 0
Nadie ha comentado todavía. Abre la conversación.
