Sting
El maestro que nunca dejó de estudiar
Por Rebobinados · Publicado el 17 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
Sting es uno de esos artistas que podrían haberse quedado cómodos para siempre y eligieron, una y otra vez, el camino difícil.
Fue el cerebro de The Police, una de las bandas más grandes del mundo, y en la cima absoluta la dejó para lanzarse solo hacia el jazz, la música clásica y los sonidos del planeta entero.
Tiene una de las voces y uno de los oídos para la melodía más finos del pop, y los puso al servicio de una curiosidad que nunca se apagó.
De repartir leche a la sala de clases
Antes de ser Sting fue Gordon Sumner, hijo de un lechero de Wallsend, un pueblo del noreste de Inglaterra, tierra de astilleros y clase trabajadora. De niño ayudaba a su padre en el reparto de la madrugada.
Y antes de la música tuvo una vida entera: fue cobrador de bus, obrero de la construcción, funcionario de impuestos, y finalmente profesor de escuela, con niños chicos, durante dos años en Cramlington.
El apodo con el que lo conoce el mundo se lo puso el director de una banda de jazz local, por un jersey a rayas negras y amarillas que le hacía parecer una avispa. Sting, el aguijón.
Mientras enseñaba de día, de noche tocaba el bajo en bandas de jazz de la zona. Ese cruce —el maestro serio y el músico de jazz, la disciplina y la aventura— lo acompañaría siempre.
El punk que sabía demasiado
En 1977 se fue a Londres y formó, con Stewart Copeland y Andy Summers, The Police.
Eran, en teoría, parte de la ola punk, pero había una diferencia: sabían tocar demasiado bien. Sting era un bajista sofisticado y un compositor con oído de orfebre, y mezclaron el punk con el reggae y una elegancia que el punk despreciaba.
Con canciones como "Roxanne", "Message in a Bottle" y sobre todo "Every Breath You Take", The Police se volvió una de las bandas más grandes del planeta.
Y entonces, en 1984, en el punto más alto, Sting hizo lo impensado: se fue.
El salto al vacío
Acá está el matiz que define quién es.
La mayoría de la gente, teniendo la banda más grande del mundo, se aferra a ella hasta el final. Sting hizo lo contrario: a los treinta y tres años, con The Police en la cumbre, la dejó para empezar una carrera mucho más arriesgada.
Su primer disco, "The Dream of the Blue Turtles", de 1985, lo grabó rodeándose de músicos de jazz de verdad, gente que venía de otro mundo: Branford Marsalis en los saxos, Kenny Kirkland en los teclados, Darryl Jones en el bajo, Omar Hakim en la batería.
Fue un salto al vacío, y le salió bien.
De ahí en adelante su música no paró de expandirse: jazz, música clásica, ritmos de todo el planeta. "Englishman in New York" —el retrato cariñoso de un extranjero que no encaja pero se mantiene fiel a sí mismo—, "Fields of Gold", "Shape of My Heart" mostraron a un compositor cada vez más sutil y más literario.
Y no paró nunca de experimentar: en 2006 grabó, junto al laudista Edin Karamazov, un disco entero de música renacentista de John Dowland, algo que ningún rockero en su sano juicio comercial haría.
Sting hace lo que le da la gana, y lo hace bien.
La canción de las que bailan solas
Y hay un capítulo que nos toca de cerca.
Sting no fue un artista de torre de marfil. Con su esposa Trudie Styler fundó en 1989 la Rainforest Foundation, a pedido del líder kayapó Raoni, para proteger la selva amazónica y a los pueblos indígenas, y en 1988 giró con Amnistía Internacional por los derechos humanos.
Pero lo más conmovedor para nuestra región es una canción: "They Dance Alone", de 1987.
La escribió sobre las mujeres chilenas de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, que bailaban la cueca solas, con las fotos de sus maridos, hijos y hermanos prendidas en el pecho. Había conocido ese rito durante la gira de Amnistía del año anterior.
Conviene decirlo con precisión, porque importa: la canción no es una cueca. Es una balada que alude a la cueca sola, ese gesto de bailar con nadie enfrente porque al otro se lo llevaron. El subtítulo con que se editó lo dice: "Cueca Solo".
Un inglés tomó nuestro dolor, nuestro rito y nuestras desaparecidas, y le contó al mundo entero lo que había pasado. La canción estuvo prohibida en Chile. Años después, ya en democracia, Sting bailó unos pasos en el Estadio Nacional con una de esas mujeres.
Que un músico global de esa talla mirara hacia acá, hacia nuestros muertos, dice mucho de la clase de artista que es.
Lo que hay que recordar
Sting es la prueba de que se puede tener un talento enorme y, además, no dormirse nunca sobre él.
Un hijo de lechero que fue profesor, se volvió estrella mundial, y en vez de repetir la fórmula ganadora se pasó la vida saltando hacia lo desconocido: del punk al jazz, del reggae al laúd renacentista, del pop a la orquesta sinfónica.
Si pones "Every Breath You Take", "Englishman in New York", "Fields of Gold" o "Shape of My Heart", vas a escuchar a uno de los mejores melodistas del pop, un tipo con una voz inconfundible y una inteligencia que nunca se conformó.
No se quedó siendo el que ya era; siguió convirtiéndose en alguien nuevo, disco tras disco, década tras década.
Y esa inquietud —la del maestro que nunca deja de estudiar— es, quizás, su mayor lección.
Fuentes
Sting (Gordon Matthew Thomas Sumner; Wallsend, Northumberland, Inglaterra, 2 de octubre de 1951), músico, cantante, compositor y actor. Hijo del lechero Ernest Matthew Sumner; se tituló de profesor en 1973 y enseñó dos años en la St Paul's First School de Cramlington, tras haber trabajado como cobrador de bus, obrero de la construcción y funcionario de impuestos; tocaba jazz en bandas locales del noreste de Inglaterra (Phoenix Jazzmen, Last Exit). Su apodo se lo puso Gordon Solomon, director de los Phoenix Jazzmen, por un jersey a rayas negras y amarillas que le daba aspecto de avispa. En 1977 fundó The Police con Stewart Copeland y Andy Summers, banda con la que —como vocalista, bajista y principal compositor— alcanzó un enorme éxito antes de dejarla en 1984, en la cúspide. Inició su carrera solista en 1985 con "The Dream of the Blue Turtles", grabado con una banda de jazzistas reclutada en Nueva York: Branford Marsalis, Kenny Kirkland, Darryl Jones y Omar Hakim. Entre sus éxitos posteriores: "Englishman in New York", "Fields of Gold" y "Shape of My Heart". En 2006 publicó "Songs from the Labyrinth", con obra del compositor renacentista John Dowland, junto al laudista Edin Karamazov. "They Dance Alone (Cueca Solo)", de "...Nothing Like the Sun" (1987), editada como sencillo el 2 de septiembre de 1988, está dedicada a las mujeres chilenas de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos: alude al rito de la cueca sola, aunque musicalmente no es una cueca sino una balada; Sting conoció ese rito a través de la gira Conspiracy of Hope de Amnistía Internacional (1986). La canción fue prohibida en Chile, y años después Sting bailó unos pasos con una de las integrantes de la Agrupación en el Estadio Nacional. Cofundó la Rainforest Foundation en 1989 con Trudie Styler, a petición del líder kayapó Raoni, y participó en 1988 en la gira Human Rights Now! de Amnistía Internacional. Sumando su carrera solista y The Police, ha vendido más de 100 millones de discos y ganado 17 premios Grammy. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, grammy.com, Songfacts, Polar Music Prize y otras coberturas de prensa.
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