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Coldplay

Eligieron ser enormes

Por Rebobinados · Publicado el 17 de septiembre de 2026

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Coldplay: Eligieron ser enormes

Ilustración: Rebobinados

Coldplay es, hoy, la banda de rock más grande del mundo, y una de las más divisivas: la amas o la encuentras empalagosa, pero es imposible ignorarla.

En apenas dos décadas pasaron de ser cuatro estudiantes tímidos haciendo canciones melancólicas de guitarra a convertirse en una máquina de himnos de estadio, con confeti, pulseras de luces y multitudes de cien mil personas cantando a coro.

Ese viaje —de la vulnerabilidad íntima al espectáculo global— es su historia, y define por qué generan tanto amor y tanto rechazo a la vez.

Cuatro universitarios y una canción amarilla

Chris Martin y Jonny Buckland se conocieron en septiembre de 1996, en su primera semana en el University College de Londres. Guy Berryman se sumó después, y en enero de 1998 llegó Will Champion a la batería, completando la formación.

Pasaron por un par de nombres antes de quedarse con Coldplay, ese mismo año. El nombre se lo cedió un compañero de universidad, que lo había sacado de un libro de poemas.

Su primer disco, "Parachutes", de 2000, era tímido, acústico, melancólico. Ganó el Brit al Álbum Británico del Año en 2001 y el Grammy al mejor álbum de música alternativa al año siguiente.

Y en ese disco estaba "Yellow", una canción de amor sencilla y luminosa que se volvió un himno instantáneo y los presentó al mundo.

Con su segundo disco, "A Rush of Blood to the Head", de 2002 —"Clocks", "The Scientist", "In My Place"—, dieron el salto: pasaron de promesa a una de las mejores bandas de su generación.

En esos primeros años se los encasilló en la estela de dos bandas: de Travis, que había abierto ese camino melódico y emotivo, y sobre todo de Radiohead, con quienes la prensa británica los comparó hasta el cansancio. No siempre con cariño: Alan McGee, el hombre que había descubierto a Oasis, los despachó en un artículo célebre como música para universitarios blandos.

De la intimidad al estadio

Y acá está el giro que los define.

Podrían haberse quedado siendo la banda de las canciones tristes y bonitas. Pero Chris Martin tenía una ambición enorme, la de ser la banda más grande del planeta, y para eso hicieron algo arriesgado: agrandarlo todo.

Con "Viva la Vida", de 2008 —producido por Brian Eno junto a Markus Dravs, Jon Hopkins y Rik Simpson, con esa canción coral e histórica sobre reyes que caen—, dejaron atrás al grupo indie y se convirtieron en titanes de estadio.

De ahí en adelante, disco tras disco, su música se volvió más colorida, más pop, más pensada para hacer saltar a multitudes: colaboraciones con Rihanna, con BTS, con The Chainsmokers; conciertos que son fiestas gigantescas de luces y confeti.

Han ganado siete premios Grammy, todos entre 2002 y 2009, y las estimaciones de la industria les atribuyen más de cien millones de discos vendidos —una cifra que, como todas las de ese tipo, nadie audita—. Lo que sí es indiscutible es que son la banda que más entradas mueve en el mundo.

Por qué dividen tanto

Ese mismo viaje explica el rechazo que despiertan en una parte de la gente.

Para muchos, Coldplay se volvió demasiado dulce, demasiado complaciente, demasiado diseñado para gustarle a todos: el pop de estadio en su forma más pulida y menos peligrosa. Se convirtieron en un blanco fácil de las burlas de los que prefieren el rock crudo.

Y hay algo de cierto: cambiaron la melancolía frágil de sus inicios por un optimismo luminoso y masivo.

Pero también hay algo innegable del otro lado. Pocas bandas han escrito tantas canciones que de verdad emocionan a tanta gente.

"Fix You"

El mejor ejemplo tiene una historia detrás que casi nadie conoce.

En octubre de 2002, Bruce Paltrow —director y productor de televisión— murió en Roma, adonde había ido a celebrar el cumpleaños número treinta de su hija Gwyneth. Unas tres semanas después, Chris Martin y Gwyneth Paltrow se conocieron. Es decir: la relación empezó justo encima de ese duelo.

En la casa había un teclado grande que Bruce le había comprado a su hija poco antes de morir, y que nadie había enchufado nunca. Martin lo enchufó, encontró un sonido que no había oído antes, y de ahí salió "Fix You", una canción sobre acompañar a alguien en el dolor. Ella lo confirmó años después: la canción era sobre él tratando de recomponerla después de la muerte de su padre.

Esa canción se volvió un himno de consuelo que suena en funerales y en momentos difíciles de millones de vidas.

Se puede encontrar empalagoso a Coldplay y, a la vez, reconocer que "Fix You" o "The Scientist" te tocan una fibra que pocas canciones alcanzan.

Lo que hay que recordar

Coldplay es la prueba de que una banda puede elegir ser enorme, y pagar el precio de esa elección.

Cambiaron la intimidad por la inmensidad, y con eso ganaron el mundo y perdieron a los que preferían al grupo pequeño y triste del principio.

Si pones "Yellow", "The Scientist", "Clocks", "Fix You" o "Viva la Vida", vas a escuchar a una banda que sabe, como pocas, encontrar la melodía que hace que un estadio entero cante con lágrimas en los ojos.

Gusten más o menos, hicieron algo difícil: canciones que consuelan, que acompañan, que le ponen banda sonora a los momentos importantes de la gente común.

Y en un mundo cínico, atreverse a ser sincero y esperanzado a esa escala tiene, también, su valentía.

Coldplay apostó por emocionar a millones, y le salió bien, aunque a algunos les dé un poco de vergüenza admitir cuánto.

Fuentes

Coldplay, banda británica de rock integrada por Chris Martin (voz, piano), Jonny Buckland (guitarra), Guy Berryman (bajo) y Will Champion (batería). Martin y Buckland se conocieron en septiembre de 1996, en su primera semana en el University College de Londres; Champion completó la formación en enero de 1998, año en que el grupo adoptó el nombre Coldplay, cedido por un compañero de universidad que lo había tomado de un libro de poemas. Phil Harvey, amigo de Martin del Sherborne School, financió su primer EP y es considerado el "quinto miembro" y director creativo de la banda. Su álbum debut, "Parachutes" (2000), incluyó "Yellow" y ganó el Brit al Álbum Británico del Año en la edición de 2001 y el Grammy al mejor álbum de música alternativa en la ceremonia de febrero de 2002. "A Rush of Blood to the Head" (2002) —con "Clocks", "The Scientist" e "In My Place"— consolidó su prestigio. En sus primeros años la prensa británica los comparó sobre todo con Radiohead, y también con Travis; la etiqueta "los próximos Travis" circula en fuentes secundarias sin respaldo en prensa de la época. Alan McGee los criticó en un artículo en The Guardian en julio de 2000. Con "Viva la Vida or Death and All His Friends" (2008), producido por Brian Eno junto a Markus Dravs, Jon Hopkins y Rik Simpson, ampliaron su sonido hacia lo épico y masivo, y en discos posteriores incorporaron pop, electrónica y colaboraciones con Rihanna, BTS y The Chainsmokers. Han ganado siete premios Grammy, todos entre 2002 y 2009. Las estimaciones de la industria sitúan sus ventas por encima de los 100 millones de discos —algunas fuentes recientes hablan de 160 millones—, cifras declaradas que ninguna certificadora audita a escala global. "Fix You", de "X&Y" (2005), nació tras la muerte de Bruce Paltrow, padre de Gwyneth Paltrow, ocurrida el 3 de octubre de 2002 en Roma; Chris Martin y Paltrow se conocieron unas tres semanas después, y Martin ha contado que compuso la canción con un teclado que Bruce le había comprado a su hija poco antes de morir y que nadie había llegado a usar. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, grammy.com, The Guardian, Songfacts, PopMatters y otras coberturas de prensa.

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