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Historia del rock chileno · Capítulo 4: nace una voz

Por Rebobinados · Publicado el 21 de agosto de 2026

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Historia del rock chileno · Capítulo 4: nace una voz

Ilustración: Rebobinados

En el primer capítulo dijimos que Chile empezó cantando de oído, como un eco del mundo. Esta es la historia de la banda que le puso fin a ese eco. Y trae una ironía perfecta adentro: esa misma banda empezó siendo el eco.

El 15 de agosto de 1963, en el Teatro Municipal de Viña del Mar, cinco cabros de liceo subieron a un escenario a tocar una canción que no era suya: "Sueña", de Luis Dimas, puro sonido de la Nueva Ola, puro eco del rock importado. Se hacían llamar The High & Bass, con nombre en inglés como mandaba la moda, y tocaban música bailable para animar fiestas. Eran los hermanos Parra —Eduardo, Claudio y Gabriel—, más Gato Alquinta y Mario Mutis. Ese día, hoy, se recuerda como el Día del Rock Chileno. Pero en ese momento no eran más que otro grupo copiando lo de afuera, uno más del eco.

El viaje que los cambió

Lo que los cambió no fue una moda, fue un viaje. Hacia 1967, Gato Alquinta recorrió Latinoamérica y volvió otro. Volvió con la idea de que no tenían por qué seguir tocando lo ajeno, de que podían hacer música propia. "Ahí nos crecieron las barbas, los bigotes, y nos cambió la ropa", recordaría Mutis. Dejaron de mirar hacia el norte y empezaron a mirar el continente que tenían bajo los pies. Castellanizaron el nombre —de The High & Bass a Los Jaivas— y en ese solo gesto, pasarse del inglés al español, ya estaban diciendo hacia dónde iban.

Casaron a los padres con los hijos

Lo que hicieron entonces no lo había logrado nadie así. Tomaron la guitarra eléctrica, el bajo y la batería del rock, y los cruzaron con la raíz: cuecas, huaynos, ritmos andinos, la quena, el charango. Y no sonaba a experimento de laboratorio, a mezcla forzada de dos cosas que no se querían. Sonaba natural, como si esas cuecas hubieran nacido para tocarse con guitarra eléctrica. Hay que entender lo difícil que era eso: en los sesenta, folclor y rock eran enemigos. Para el joven rockero, el folclor era "la música de los padres", lo viejo, lo que había que dejar atrás; la brecha entre los dos era un abismo. Los Jaivas la cruzaron como si no existiera. Casaron a los padres con los hijos.

"Todos juntos"

En 1971 grabaron su primer disco, "El Volantín", puro viaje psicodélico. Y en 1972 llegó la consagración con una canción que todavía hoy canta el país entero: "Todos juntos". No era una canción de trinchera ni de partido —Los Jaivas, a diferencia de la Nueva Canción, no se metieron en la política dura de la época—; era un llamado a la unidad, a la paz entre las personas. Y en esa canción, por fin, Chile no sonaba a nadie más. No sonaba a los Beatles, ni a Woodstock, ni a la Nueva Ola. Sonaba a Los Jaivas, que era lo mismo que decir: sonaba a Chile.

El camino inverso

Los Jaivas cruzaron hacia la raíz desde la puerta del rock. Pero por esos mismos años, otros hacían el viaje inverso, y merecen nombrarse. Quilapayún, Inti-Illimani, más tarde Illapu, venían de la raíz, de la Nueva Canción, y desde ahí abrazaban los ritmos de todo el continente. No eran rockeros, y no pretendían serlo: tenían su propio camino, con su propia identidad, tan valioso como el del rock. Pero míralos juntos: unos entraron por la puerta del rock y otros por la puerta de la raíz, y todos, por caminos distintos, llegaron al mismo lugar —una música chilena que sonaba moderna y continental sin dejar de ser de acá—. No era copia, no era folclor de museo. Era voz propia, en plural. Toda una generación, desde orillas distintas, dejó de sonar como el mundo para empezar a sonar como Chile.

La voz estaba en el cruce

El eco no se calló copiando más y mejor. Se calló cuando alguien dejó de elegir entre la guitarra de afuera y la quena de acá, y las tocó juntas. Los Jaivas no eligieron entre el rock y la raíz: se casaron con los dos. Ahí, en ese matrimonio, nació la voz. Chile dejó de sonar como otro no cuando imitó mejor, sino cuando mezcló lo que era suyo con lo que había aprendido. La voz no estaba en la copia ni en el pasado puro: estaba en el cruce.

Piensa en el viaje de esa banda, porque es el viaje del país entero. Empezaron, en 1963, tocando una canción ajena y recibiendo monedas de un público que se reía. Terminaron dándole a Chile una canción que todavía se canta de memoria. De copiar "Sueña" a componer "Todos juntos". De ser el eco a ser la voz. Ese camino, el de cinco cabros de Viña, es el mismo que esta serie viene contando: el de un país que dejó de escuchar de lejos y empezó, por fin, a cantar lo suyo. El eco tenía una chispa, dijimos al principio. Los Jaivas la volvieron fuego.

Fuentes

Los Jaivas se formaron en Viña del Mar como The High & Bass, integrados por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, Eduardo "Gato" Alquinta y Mario Mutis. Su primera presentación, el 15 de agosto de 1963 en el Teatro Municipal de Viña del Mar, se conmemora como el Día del Rock Chileno; en ella interpretaron "Sueña", de Luis Dimas, exponente de la Nueva Ola. Hacia fines de los sesenta el grupo castellanizó su nombre y viró desde la música bailable hacia una fusión de rock con ritmos y instrumentos latinoamericanos —cueca, huayno, quena, charango—, proceso al que sus integrantes han atribuido un papel decisivo a los viajes por el continente. Editaron "El Volantín" en 1971 y, en 1972, "Todos juntos", que se convirtió en una de las canciones más reconocidas de la música chilena. En paralelo, Quilapayún, Inti-Illimani e Illapu llegaron a una identidad musical propia desde la vertiente de la Nueva Canción y la raíz folclórica. Datos recogidos de MusicaPopular.cl, Memoria Chilena, Wikipedia y coberturas de prensa.

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