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Década 80s · Ritmo folk

Mauricio Redolés

Hablar en chileno

Por Rebobinados · Publicado el 9 de septiembre de 2026

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Mauricio Redolés: Hablar en chileno

Ilustración: Rebobinados

Su primer escenario fue una cárcel de la dictadura.

Él lo ha contado así: en 1975, en la antigua cárcel pública de Valparaíso, un preso político cantó por primera vez ante público con una guitarra prestada. Tres canciones, ninguna suya. Estaba ahí porque lo habían detenido, golpeado y torturado por militar en las Juventudes Comunistas.

Ese preso se llamaba Mauricio Redolés, y con los años se convertiría en una de las voces más singulares, más filosas y más queridas de la cultura chilena. También en una de las peor contadas.

Veintidós meses

Nació en Santiago en 1953. A los veinte era militante comunista y estudiante de Derecho en Valparaíso, y ya escribía.

El golpe le partió la vida en dos. A fines de 1973 lo detuvieron hombres que se identificaron como inspectores del Servicio de Inteligencia Naval. De ahí empezó un peregrinaje de veintidós meses: la bodega del buque Lebu, el cuartel Silva Palma, el campamento de Melinka, la cárcel de Valparaíso. Lo torturaron. Sus primeros poemas nacieron ahí adentro, escritos en ese encierro, que es un dato que conviene no adornar: la escritura le empezó donde le quitaron todo lo demás.

En 1975 un decreto de exilio lo sacó del país. Aterrizó en Inglaterra, como tantos otros que salieron sin poder elegir, y se quedó diez años.

Lo que Londres le dio a la fuerza

El exilio era un castigo, y fue además donde se hizo artista.

En Londres estudió sociología en la City University, y sobre todo se empapó de una ciudad que en esos años hervía: el punk recién nacido, el reggae de los barrios, el rock. Escribió, cantó, se autoeditó su primer casete de canciones y poemas.

Y ahí se le abrió la otra puerta. La poeta y crítica Soledad Bianchi lo incluyó en 1983 en su antología de poetas jóvenes chilenos, Entre la lluvia y el arcoíris, junto a nombres que en ese momento también eran jóvenes casi desconocidos: Raúl Zurita, Gonzalo Millán, Roberto Bolaño. Nemesio Antúnez le ilustró un poemario.

Londres le dio, sin que él lo pidiera, un mundo.

La frase interrumpida

Volvió a Chile en 1985 y se instaló en el barrio Yungay, en la misma casa que había dejado al partir. Como quien retoma una frase interrumpida a mitad.

Armó una banda, Son Ellos Mismos, compuso lo suficiente para llegar a un contrato con el sello Alerce, y en 1987 salió Bello Barrio, en casete. Ese disco lo convirtió en algo que no existía antes en Chile: un poeta-rockero de culto.

Él se define simple, y su definición es la mejor que hay: un poeta que tiene una gran admiración por el rock.

De ese cruce salió su marca inconfundible. Poesía, rock, tango, humor negrísimo, y sobre todo el habla chilena —el modo exacto en que hablamos en la calle— elevada a materia poética. Redolés le enseñó al rock chileno que se podía ser hondo y callejero a la vez; que el chilenismo, el garabato, la talla, la melancolía del barrio, eran material de arte tan digno como cualquier otro. Mientras otros cantaban en clave por necesidad, él encontró que la clave podía ser, sencillamente, hablar como uno habla.

El hombre con el que se cruzó en la Alameda

Hay una canción suya que lo pinta entero, y da escalofríos: "Triste funcionario policial".

La escribió, según ha contado, después de cruzarse ya en democracia, caminando por la Alameda, con uno de los hombres que lo habían torturado. No corrió a golpearlo ni a empujarlo al Metro. Lo que sintió, dijo, fue una mezcla de pavor con una curiosidad terrible por acercarse, por comprobar que ese monstruo también era un ser humano. Se fue a su departamento, tomó la guitarra y sacó la canción de un tirón.

Eso es Redolés: mirar el horror de frente y devolverlo transformado en humor amargo, en poema, en algo que se puede cantar sin dejar de doler.

Nunca se vendió

Y esa es media razón de su culto.

Escribió que sus canciones nunca iban a golpear los charts, y que estaban bien así, chicas e independientes. Alternó siempre los discos y los conciertos con talleres de literatura, varios de ellos en cárceles: el mismo lugar donde había cantado por primera vez, cerrando un círculo que pocos artistas se atreven a cerrar.

En 1996 grabó ¿Quién mató a Gaete?, producido por Álvaro Henríquez, de Los Tres —el rock chileno reconociéndolo como uno de los suyos—. El disco terminó figurando entre los cincuenta más importantes de la música chilena según Rolling Stone. Ganó premios Altazor en 2009 y 2014, y el Premio Presidencial de Música en 2022. Sobrevivió a un accidente grave que lo obligó a aprender a caminar de nuevo. No paró.

Y en 2022 pasó algo más, que no es un premio y pesa más que todos. La justicia chilena ordenó al Estado indemnizarlo con cien millones de pesos por las torturas sufridas durante la dictadura. Cuarenta y nueve años después de que lo subieran a la bodega de un barco.

Ya es hora

Mauricio Redolés está vivo y sigue escribiendo y cantando en su barrio Yungay. En 2024 sacó Redolés Lavanda, con poemas inéditos de sus años de exilio y musicalizaciones de Roque Dalton.

Si nunca lo escuchaste, hoy es buen día para reparar esa deuda, porque es de esos artistas que Chile tiene y no termina de mirar. Anda a buscar Bello Barrio.

Vas a encontrar a un hombre que pasó por lo peor que un país le puede hacer a alguien, y que en vez de amargarse volvió con una guitarra a contarlo con humor, con ternura y con el idioma de todos los días, el nuestro.

Le enseñó al rock chileno a hablar en chileno.

Fuentes

Luis Mauricio Redolés Bustos (Santiago, 6 de junio de 1953), poeta y músico chileno. Militante de las Juventudes Comunistas y estudiante de Derecho en Valparaíso, fue detenido a fines de 1973 por hombres que se identificaron como inspectores del Servicio de Inteligencia Naval y permaneció unos veintidós meses privado de libertad —entre otros lugares, en el buque Lebu, el cuartel Silva Palma, el campamento de Melinka y la cárcel pública de Valparaíso—, donde fue torturado y escribió sus primeros poemas. Según su propio relato, su primera presentación pública ocurrió en 1975 en la cárcel de Valparaíso, con una guitarra prestada y canciones de otros autores. Exiliado a Inglaterra en 1975, vivió diez años en Londres, donde estudió sociología en la City University, se vinculó al rock, el reggae y el punk, y autoeditó su primer casete. Soledad Bianchi lo incluyó en la antología de poetas jóvenes chilenos "Entre la lluvia y el arcoíris" (1983), junto a Raúl Zurita, Gonzalo Millán, Roberto Bolaño y otros; Nemesio Antúnez ilustró su poemario "Tangos". Regresó a Chile en 1985 y se instaló en el barrio Yungay, en la misma casa que había dejado; formó la banda Son Ellos Mismos y editó en 1987 el casete "Bello Barrio" en el sello Alerce, que lo consolidó como poeta-rockero de culto. Se define como "un poeta que tiene una gran admiración por el rock". Ha contado que "Triste funcionario policial" fue inspirada por el reencuentro casual, ya en democracia, con uno de sus torturadores. "¿Quién mató a Gaete?" (1996), producido por Álvaro Henríquez, de Los Tres, figura entre los cincuenta discos más importantes de la música chilena según Rolling Stone y entre los seiscientos más significativos del siglo XX en América Latina. Obtuvo premios Altazor en 2009 y 2014 y el Premio Presidencial de Música en 2022. En 2022 la justicia chilena ordenó al Estado indemnizarlo con cien millones de pesos por las torturas sufridas durante la dictadura. Sobrevivió a un accidente que lo obligó a reaprender a caminar. En 2024 publicó "Redolés Lavanda", con poemas inéditos de su etapa de exilio y musicalizaciones de Roque Dalton. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, MusicaPopular.cl, PortalDisc y coberturas de prensa chilena.

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