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Década 80s · Ritmo punk

Luca Prodan

El que cruzó el océano

Por Rebobinados · Publicado el 3 de septiembre de 2026

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Luca Prodan: El que cruzó el océano

Ilustración: Rebobinados

Fue al mismo internado de élite en Escocia que el futuro Rey de Inglaterra, y murió a los treinta y cuatro años en una pieza alquilada del barrio de San Telmo, en Buenos Aires, dejándole al rock del sur una de sus voces fundacionales. Entre esos dos puntos cabe una de las historias más improbables y más queridas de toda la música latinoamericana. Es la de Luca Prodan.

El chico que se escapó de Gordonstoun

Luca nació en Roma en 1953, en una familia que venía de todas partes: raíces italianas, turcas, escocesas, un pasado familiar en Shanghái. Lo mandaron a Gordonstoun, el colegio pupilo escocés donde también estudiaba el príncipe Carlos —la leyenda dice que Luca lo golpeó una vez, aunque eso queda en el terreno del mito—. Lo cierto es que odió ese lugar, y a los dieciséis se escapó; su familia llegó a pedirle a la Interpol que lo buscara. Recaló en Londres, trabajó en una disquería, y ahí, en plena efervescencia, se le formó el oído: el dub, el reggae, el punk, el post-punk, todo mientras pasaba de verdad, a su alrededor. Pero Londres también le dejó la herida: cayó en la heroína, y el suicidio de su hermana Claudia lo hundió más, hasta un coma por sobredosis. A los veintitantos ya cargaba una vida entera.

Una foto de unos cerros

Y entonces pasó lo que cambia esta historia. Su amigo Timmy McKern, un escocés-argentino que había conocido en el colegio, se había ido a vivir a las sierras de Córdoba, y le mandó por carta una foto de su familia entre esos cerros. Luca miró esa foto —el verde, las montañas, la calma— y cruzó el Atlántico detrás de ella, en 1980, para salvarse la vida. No exagero: vino escapando de la aguja, buscando un lugar donde poder respirar. Llegó a la Argentina de los últimos años de la dictadura, se instaló primero en la tranquilidad de Traslasierra, y ahí, lejos de todo, empezó de nuevo.

Lo verdadero, de primera mano

Lo que hizo después es lo que lo vuelve grande. En 1982 formó Sumo, y le dio al rock argentino algo que no tenía: lo verdadero, de primera mano. Mientras acá el new wave, el reggae, el dub y el post-punk llegaban de lejos, como un rumor de lo que sonaba en el norte, Luca los había vivido, en Londres, cuando estaban naciendo, y los trajo en el cuerpo, no como un eco. Cantaba en inglés y en castellano, con una voz gastada en los lugares justos, una voz que sonaba a haber vivido de verdad. Y por debajo estaba esa base de reggae, ese humo, ese groove que ponía la piel de gallina. En un país donde la música en inglés era sospechosa, Luca cantaba en inglés y llenaba de gente el under del Café Einstein, junto a Los Redonditos de Ricota y Los Twist, en los años más oscuros.

Cinco años, tres discos, una casa entera

Construyó, en apenas cinco años, una casa que el rock argentino todavía habita. Tres discos en tres años: "Divididos por la felicidad", de 1985 —el nombre, un guiño a Joy Division—, con "La rubia tarada", que la revista Rolling Stone llegó a poner entre los mejores discos de la historia del rock argentino; "Llegando los monos", de 1986, lleno de himnos; y "After chabón", de 1987. Y un concierto épico en Obras, que lo consagró. Poca obra, en el papel. Enorme, en lo que dejó.

Ahí va la última

El final llegó rápido, y hay que contarlo con verdad, no como leyenda romántica. El alcohol creció con la fama: había cambiado la heroína de Londres por la ginebra de Buenos Aires, y el cuerpo se le fue gastando. Su último concierto fue el 20 de diciembre de 1987, en el estadio del Club Atlético Los Andes, compartiendo cartel con Los Violadores, ante apenas quinientas personas; antes de uno de los últimos temas, dijo "ahí va la última". Y lo fue. Dos días después lo encontraron muerto en su pieza alquilada de San Telmo, a los treinta y cuatro años, de un paro cardíaco por una hemorragia interna a causa de una cirrosis. No murió como un símbolo ni como un mártir del rock: murió un hombre que había cargado demasiado durante demasiado tiempo, y que en cinco años apurados entregó más de lo que muchos entregan en toda una vida. De los pedazos de Sumo nacieron después dos bandas enormes, Divididos y Las Pelotas: hasta su final sembró música.

La piedra de los cerros

Luca está enterrado en Avellaneda, bajo una piedra enorme que trajeron desde los cerros de Córdoba que tanto quería, esos mismos cerros que una foto le puso por delante para arrastrarlo a través de un océano. Y su voz sigue ahí, en esa base de reggae, en el estribillo de "La rubia tarada", en el humo. Si alguna vez, en una fiesta o en una radio, esa base te movió algo por dentro sin que supieras bien de dónde venía ese acento, ya conociste a Luca: un europeo que eligió el sur, se quedó para siempre, y nos dejó una voz que era del mundo y se volvió nuestra.

Este texto habla del suicidio, la adicción a la heroína y una sobredosis. Si estás pasando por un momento difícil o tienes pensamientos de hacerte daño, no estás solo y se puede pedir ayuda. En Chile puedes llamar gratis al *4141, la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, disponible las 24 horas.

Fuentes

Luca George Prodan (Roma, 17 de mayo de 1953 – San Telmo, Buenos Aires, 22 de diciembre de 1987) fue un músico ítalo-escocés radicado en Argentina, líder y voz de Sumo. De familia con raíces italianas, turcas y escocesas, y pasado en China, estudió en el internado escocés de Gordonstoun, el mismo del príncipe Carlos; la anécdota de que lo golpeó circula como leyenda y no está confirmada. Se escapó del colegio a los 16; vivió en Londres, donde trabajó en una disquería y se formó su gusto por el dub, el reggae y el punk, y donde desarrolló su adicción a la heroína, agravada tras el suicidio de su hermana Claudia. En 1980 emigró a Argentina, a Traslasierra, Córdoba, siguiendo a su amigo Timmy McKern. Formó Sumo en 1982, banda clave del under argentino durante la dictadura, que introdujo el new wave, el reggae, el dub y el post-punk; parte de su repertorio era en inglés. Discos: "Corpiños en la madrugada" (demo, 1983), "Divididos por la felicidad" (1985, con "La rubia tarada"; el título alude a Joy Division, y Rolling Stone lo ubicó entre los mejores álbumes del rock argentino), "Llegando los monos" (1986) y "After chabón" (1987). Su último recital fue el 20 de diciembre de 1987 en el estadio del Club Atlético Los Andes, compartiendo cartel con Los Violadores y ante unas 500 personas; murió el 22 de diciembre, a los 34 años, por un paro cardíaco atribuido a una hemorragia interna a causa de una cirrosis hepática (existen versiones alternativas, no confirmadas). Tras su muerte, Sumo se disolvió y de sus integrantes surgieron Divididos y Las Pelotas. Está sepultado en Avellaneda. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Wikipedia, Ámbito, Perfil, Aire de Santa Fe y otras coberturas de prensa.

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