Prince
La bóveda bajo la casa
Por Rebobinados · Publicado el 2 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
Cuando Prince murió, en 2016, hubo que llamar a especialistas para abrir una bóveda que él había mandado construir bajo su casa. Adentro había, según los cálculos, miles de canciones que nadie había escuchado nunca. Discos enteros, decenas de videos, décadas de trabajo, guardados bajo llave. Esa es la primera cosa que hay que saber de él: hizo más música de la que el mundo iba a alcanzar a oír, y la guardó.
Una banda de un solo hombre
Prince Rogers Nelson nació en Minneapolis en 1958. Medía poco más de un metro cincuenta, y llenaba un estadio con esa estatura. Era andrógino, extravagante, de otro planeta, con una voz que iba de un gruñido grave a un falsete que gritaba. Y estaba la cosa que define su genio, la que lo separa de casi todos: era una banda de un solo hombre. En la mayoría de sus discos tocaba él todos los instrumentos, o casi todos —guitarra, bajo, batería, teclados, voz—, los componía, los producía, los arreglaba. No dirigía una banda: era una banda.
El sonido Minneapolis
Firmó con Warner Bros. a los diecinueve años, con un contrato que le daba un control creativo rarísimo para un desconocido. Inventó un sonido, el llamado sonido Minneapolis, que mezclaba funk, rock, new wave, soul y synth-pop todo a la vez. Y después vino la seguidilla que lo hizo leyenda: "1999", "Purple Rain" —la película y el disco de 1984 con los que se convirtió en el primer artista en tener a la vez el álbum, el sencillo y la película número uno en Estados Unidos—, "Sign o' the Times", de 1987, su cima. Hacía tanta música que le sobraba, y regalaba canciones a otros: "Nothing Compares 2 U", el enorme éxito de Sinéad O'Connor, la había escrito él.
El hombre sin nombre
En los noventa vino el episodio que casi nadie olvidó. Prince se enredó en una guerra con Warner Bros. por el control de su propio catálogo: el sello no quería publicar su música al ritmo con que él la hacía, y él sentía que hasta su nombre le pertenecía ahora a la compañía. Entonces hizo algo que no había hecho nadie: se cambió el nombre por un símbolo impronunciable, mezcla de los signos de hombre y mujer, y empezó a aparecer con la palabra "esclavo" escrita en la mejilla. Prefirió quedarse sin nombre antes que dejar que una empresa fuera dueña de él. Peleó durante años, hasta que consiguió su libertad y, con el tiempo, la propiedad de sus grabaciones. Recién entonces volvió a llamarse Prince.
Paisley Park
Se construyó su propio reino: Paisley Park, un complejo de estudio y casa en las afueras de Minneapolis, donde grababa sin parar, solo, a cualquier hora, y donde guardaba todo lo que no publicaba en esa bóveda. Un genio recluido en su fortaleza, haciendo más música de la que jamás iba a mostrar.
La lluvia que pidió más fuerte
Y arriba de un escenario era intocable. Dos momentos suyos siguen circulando, y la gente los reconoce apenas empiezan. Uno es el Super Bowl de 2007, en Miami. Justo antes de salir, el productor lo llamó para avisarle que iba a tener que tocar bajo una tormenta, y Prince contestó con una sola pregunta: si podían hacer que lloviera más fuerte. Salió a un escenario con forma de su símbolo y, en medio del diluvio, cerró cantando "Purple Rain" bajo la lluvia de verdad, como si el temporal se lo hubieran encargado para la ocasión. Todavía se lo considera el mejor show de medio tiempo en la historia del Super Bowl.
La guitarra que no volvió a bajar
El otro es de 2004, en la ceremonia del Salón de la Fama del Rock, cuando homenajeaban a George Harrison. Un grupo de estrellas —Tom Petty, Jeff Lynne, Steve Winwood, el hijo de Harrison— tocaba "While My Guitar Gently Weeps", y Prince estuvo casi todo el tema quieto, en la sombra. Hasta que le llegó el solo del final: se soltó, se dejó caer hacia atrás sobre el público mientras alguien lo sostenía, y tocó dos minutos que se robaron la noche entera. Al terminar, lanzó la guitarra al aire, y la guitarra, sencillamente, no volvió a bajar; nadie supo dónde cayó. Ese video lo han visto más de cien millones de personas.
Lo que quedó guardado
Murió a los cincuenta y siete años. Décadas de show le habían destrozado el cuerpo, y tomaba analgésicos, en secreto, para poder seguir subiéndose al escenario. Lo encontraron solo, en un ascensor de Paisley Park, muerto por una sobredosis accidental de fentanilo que venía en unas pastillas falsificadas. Fue una semana después de un concierto de su última gira, una gira en la que había vuelto a lo más básico: él y un piano, nada más. El músico más completo de su generación, derribado por el dolor de haberle entregado el cuerpo al escenario. Y la bóveda, cerrada, esperando.
Por eso Prince es una figura de culto, y no por una sola canción, aunque tenga decenas. Es de culto porque fue, quizás, el músico más completo que dio la música popular: un hombre que podía hacerlo todo, solo, y lo hizo, y lo siguió haciendo hasta que lo mató, y dejó guardado, bajo llave, más de lo que la mayoría de los artistas alcanza a mostrar en toda una vida. Anda a escucharlo: "Purple Rain", "Sign o' the Times", "1999". Vas a oír a una sola persona siendo una banda entera, una escena entera, un mundo entero. Y en algún lugar bajo Paisley Park todavía hay miles de canciones que hizo y que nunca nos dejó escuchar.
Fuentes
Prince Rogers Nelson (Minneapolis, 7 de junio de 1958 – Paisley Park, Chanhassen, 21 de abril de 2016) fue cantante, compositor, productor y multiinstrumentista, considerado uno de los mejores músicos de su generación; solía interpretar todos o casi todos los instrumentos en sus grabaciones y producía sus propios discos, creando el llamado "sonido Minneapolis". Firmó con Warner Bros. a los 19 años. Entre sus obras clave: "1999" (1982), "Purple Rain" (1984, película y álbum: ese año se convirtió en el primer artista con el álbum, el sencillo y la película número uno simultáneamente en Estados Unidos, con "When Doves Cry" como sencillo más vendido del año) y "Sign o' the Times" (1987). Escribió "Nothing Compares 2 U", éxito de Sinéad O'Connor. Entre sus actuaciones más recordadas: el show de medio tiempo del Super Bowl XLI (4 de febrero de 2007, Miami), interpretado bajo una tormenta —advertido de la lluvia, preguntó si podían hacer que lloviera más fuerte— y considerado uno de los mejores de la historia; y su solo de guitarra en "While My Guitar Gently Weeps" durante la ceremonia del Salón de la Fama del Rock de 2004, en el homenaje a George Harrison junto a Tom Petty, Jeff Lynne, Steve Winwood y Dhani Harrison, tras el cual lanzó su guitarra al aire. En 1993, en disputa con Warner Bros. por el control de su catálogo, adoptó como nombre un símbolo impronunciable y apareció con la palabra "slave" ("esclavo") escrita en la mejilla; retomó el nombre "Prince" en 2000, tras el fin de su contrato, y en 2014 recuperó el control de sus grabaciones. Publicó 39 álbumes en vida y dejó un vasto archivo inédito en una bóveda de su complejo Paisley Park; las estimaciones sobre su volumen varían y suelen situarse en varios miles de canciones. Murió a los 57 años por una sobredosis accidental de fentanilo presente en pastillas falsificadas, en el contexto de una adicción a opioides ligada al dolor crónico; falleció una semana después de un concierto de su gira solista "Piano & A Microphone". No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Britannica, AllMusic, Wikipedia y otras coberturas de prensa.
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