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Década 70s · Ritmo pop

Dolly Parton

Debajo de las lentejuelas

Por Rebobinados · Publicado el 25 de agosto de 2026

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Dolly Parton: Debajo de las lentejuelas

Ilustración: Rebobinados

Hoy, 25 de agosto de 2026, murió Dolly Parton, a los ochenta años, en Nashville. Se fue en paz, dijo su familia, apenas un año y medio después de perder a Carl Dean, el marido con el que estuvo casi sesenta años. Y con ella se va una de las figuras más queridas de la música, y también una de las más malentendidas, porque casi todo el mundo se quedó mirando la superficie: las pelucas enormes, las uñas, las lentejuelas, el maquillaje imposible. Debajo de todo eso había una de las personas más lúcidas, más auténticas y más astutas que dio la música popular. Este texto es sobre lo que había debajo.

El abrigo de retazos

Empecemos por donde ella siempre insistía en empezar: la pobreza. Dolly nació en una cabaña de una sola pieza en las montañas de Tennessee, una de doce hermanos, en una familia que no tenía casi nada. Una de sus canciones más queridas, "Coat of Many Colors", cuenta algo real: el abrigo que su madre le cosió con retazos de tela, porque no había plata para comprarle uno, y que la niña usó con orgullo aunque en la escuela se rieran de ella por pobre. Nunca escondió de dónde venía. Al revés: lo cantó toda la vida. Esa fue la primera cosa que fue suya y que no dejó que nadie le sacara: su origen.

La máscara que ella manejaba

Ahora, la máscara. Dolly se construyó un personaje deliberadamente exagerado —la rubia platinada, escandalosa, de risa fácil— y, a diferencia de casi todos, estaba completamente en el chiste. "Cuesta mucha plata verse tan barata", bromeaba. Sabía exactamente lo que hacía. La imagen de "rubia tonta" no era una trampa en la que cayó: era un disfraz que ella manejaba, y detrás del disfraz había una compositora descomunal y una mujer de negocios afiladísima. La subestimaban por cómo se veía, y ella dejaba que la subestimaran, porque eso también era una ventaja. La máscara no la escondía a ella; escondía a la que mandaba.

Acá, en Rebobinados, ya hemos contado dos versiones distintas del mismo truco: Annie Lennox poniéndose un traje de hombre para sacar del medio todo lo que estorbaba, y David Bowie inventándose personajes para poder decir lo que quisiera. Dolly hizo la tercera versión, y quizá la más audaz de las tres: en vez de vestirse de otra cosa para que la tomaran en serio, se vistió de broma para que no la tomaran en serio, y desde ahí hizo exactamente lo que quiso.

Dos monumentos en una tarde

Porque antes que nada, Dolly fue una compositora, de las grandes. Escribió cientos de canciones, y dos de las más famosas de la historia —"Jolene" y "I Will Always Love You"— nacieron, dice la historia, el mismo día. Dos monumentos, en una sola tarde. "I Will Always Love You" la escribió como despedida a Porter Wagoner, el hombre que le había dado su primer gran empujón en televisión y del que se estaba independizando. Era, en el fondo, una carta de agradecimiento y adiós.

El día que le dijo que no a Elvis

Y acá está el corazón de quién fue Dolly, la decisión que la retrata entera. A los veinte años, siendo una cabra pobre recién llegada a Nashville, hizo algo que casi nadie hacía, y menos una mujer: montó junto a su tío Bill Owens una editorial musical propia, con ella al mando, para ser dueña de sus canciones, para que lo que ella creara le perteneciera y pudiera con eso mantener a su familia. Años después, cuando "I Will Always Love You" llegó a lo más alto, nada menos que Elvis Presley quiso grabarla. Un sueño. Pero el representante de Elvis le puso una condición: tenía que cederle la mitad de los derechos de la canción. Todos le dijeron que aceptara, que era Elvis, que no se dice que no a Elvis. Ella dijo que no. Lloró toda la noche, pero dijo que no. No iba a regalar la mitad de lo que era suyo, ni siquiera al Rey.

Esa decisión, que en el momento pareció una locura, resultó ser una de las más brillantes de la historia de la música. Porque casi veinte años después, Whitney Houston grabó "I Will Always Love You" para una película, y esa versión se convirtió en uno de los sencillos más vendidos de todos los tiempos. Y como Dolly nunca había cedido sus derechos, esa fortuna fue entera para ella. Lo resumió con su humor de siempre: dijo que ganó suficiente como para comprarse Graceland, la casa de Elvis. La niña pobre que se negó a regalar su canción terminó, con esa misma canción, más dueña que el Rey que quiso quedarse con la mitad. Fue dueña de su obra hasta el final, cuando casi nadie —y casi ninguna mujer— lo era.

Lo que hizo con la plata

Y con lo que ganó, hizo lo que más la define después de escribir: repartir. Creó la Imagination Library, que ha regalado millones de libros a niños para que aprendan a leer, venga de donde vengan, como venía ella. Levantó Dollywood, un parque que le dio trabajo a la región pobre de donde salió. Donó una fortuna a la investigación de vacunas. La plata que había defendido con uñas y dientes cuando era suya, la abrió con las dos manos cuando fue el turno de los demás. Reparto de dignidad, en el sentido más literal.

La que no era de ningún bando

Hay algo más, raro y hermoso, en el país dividido donde vivió: a Dolly la quería todo el mundo, sin excepción. La derecha y la izquierda, los conservadores y la comunidad gay, los viejos del country y los jóvenes del pop. En una época en que todo obliga a elegir bando, ella logró que nadie la sintiera del bando contrario, porque trataba a cada persona con la misma calidez, sin agachar la cabeza ante nadie ni pisar a nadie. Cuando murió, hoy, el país entero la lloró junto, cruzando todas las líneas que lo separan. Eso, hoy, es casi un milagro.

Debajo de las lentejuelas

Ahí está la vuelta, y es la lección que deja debajo de las lentejuelas. Todo en Dolly parecía falso —la peluca, las uñas, el brillo— y todo, por debajo, era verdadero. El disfraz era disfraz, pero la mujer adentro nunca fingió ser otra cosa que una niña pobre de las montañas que salió adelante y jamás olvidó de dónde venía. Fue dueña de sus canciones, regaló su fortuna, y se las arregló para que el mundo entero se sintiera parte de su familia. La estrella que se veía más artificial resultó ser la persona más auténtica del salón.

Anda a escucharla, si no la conocías bien más allá de "Jolene". Escucha "Coat of Many Colors", la del abrigo de retazos, y "I Will Always Love You" en su voz, la original, antes de Whitney. Vas a oír a una mujer que se rió de su propia imagen para que nadie la tomara demasiado en serio, mientras por debajo hacía exactamente lo que quería, era dueña de lo suyo, y lo repartía. Esa es la memoria que merece rebobinarse hoy: la de la que entendió que se puede brillar hasta el ridículo y, aun así, no rendir jamás lo que de verdad importa. Descansa, Dolly.

Fuentes

Dolly Rebecca Parton murió el 25 de agosto de 2026 en Nashville, Tennessee, a los 80 años. El anuncio lo hizo su familia mediante un video en el que su sobrino Brian Seaver, hijo de Cassie Parton, comunicó el fallecimiento "en paz" en representación de las familias Parton y Owens; no se detalló la causa. Por voluntad de la propia Parton, el funeral será un servicio privado con la familia inmediata. En una entrevista publicada días antes había reconocido que estaba "lidiando con algunos problemas de salud", y en mayo de 2026 canceló una residencia en Las Vegas mencionando tratamientos que arrastraba desde hacía años. Enviudó en marzo de 2025 de Carl Dean, su marido desde 1966, casi sesenta años de matrimonio. Nació el 19 de enero de 1946 en el condado de Sevier, Tennessee, cuarta de doce hermanos de una familia campesina pobre; "Coat of Many Colors" (1971) evoca el abrigo de retazos cosido por su madre. Escribió "Jolene" e "I Will Always Love You" en 1973 y ha contado que ambas nacieron el mismo día; la segunda fue su despedida de Porter Wagoner, su mentor televisivo. En noviembre de 1966, a los 20 años, fundó junto a su tío Bill Owens la editorial musical Owe-Par —el nombre combina los dos apellidos—, en la que ella mantuvo el control, para conservar los derechos de sus canciones. Rechazó que Elvis Presley grabara "I Will Always Love You" cuando su representante, el coronel Tom Parker, exigió la mitad de los derechos de edición; al no ceder, mantuvo la propiedad total, y cuando la versión de Whitney Houston para "The Bodyguard" (1992) se convirtió en uno de los sencillos más vendidos de la historia, las regalías fueron íntegramente suyas (dijo, bromeando, haber ganado "suficiente para comprar Graceland"). Su labor filantrópica incluye la Imagination Library, que regala libros a la infancia; el parque Dollywood, en Pigeon Forge, uno de los mayores empleadores de su región natal; y donaciones a la investigación médica, entre ellas un millón de dólares a la Universidad de Vanderbilt para el desarrollo de una vacuna contra la covid-19. Fue querida transversalmente en un país polarizado. La frase "cuesta mucha plata verse tan barata" es una de sus bromas más repetidas. Las interpretaciones se ofrecen como lectura del autor. Datos recogidos de CNN, NPR, NBC News, Variety, WSMV, Forbes, dollyparton.com y Wikipedia. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor.

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