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Década 00s · Ritmo folk

Gustavo Santaolalla

Una sola nota

Por Rebobinados · Publicado el 9 de septiembre de 2026

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Gustavo Santaolalla: Una sola nota

Ilustración: Rebobinados

Hay un sonido que reconoces aunque no sepas de quién es.

Unas pocas notas de cuerda, separadas por silencios largos, con un aire de tierra alta y de cosa antigua. Aparece en una película y sabes inmediatamente que algo va a doler.

Ese sonido es de un argentino que ganó el Óscar dos años seguidos y al que casi nadie reconocería por la calle.

Dos años seguidos, y un dato que es mejor

Gustavo Santaolalla ganó el Óscar a la mejor banda sonora original en la ceremonia de 2006, por "Secreto en la montaña", y otra vez en la de 2007, por "Babel".

Suele decirse que es una hazaña que casi nadie ha logrado. Conviene precisar, porque no es exacto: Franz Waxman lo consiguió en 1950 y 1951, y Alan Menken en 1992 y 1993.

Pero hay un dato que sí es exclusivo y que el relato habitual desaprovecha: es el primer y único latinoamericano en ganar ese premio. Y lo ganó dos veces seguidas.

Lo que hace, que es no hacer

Su marca es rarísima en el cine, donde lo normal es llenar.

No usa orquestas grandilocuentes. Usa lo contrario: espacio, silencio, unas pocas notas cargadas, muchas veces tocadas con instrumentos de raíz latinoamericana.

El que más se le asocia es el ronroco. Conviene decir qué es, porque casi siempre se describe mal: es el miembro barítono de la familia del charango, el grande de la familia —unos ochenta centímetros—, con diez cuerdas en cinco pares. Y no es un instrumento ancestral: lo inventaron en 1968 los hermanos Gonzalo y Wilson Hermosa, de Los Kjarkas, en Cochabamba. Santaolalla fue quien lo sacó de Bolivia y lo metió en el cine del mundo.

Su hallazgo es de una simpleza engañosa: en una película, una sola nota bien puesta, dejando respirar el silencio alrededor, emociona más que una sinfonía entera.

Hay que saber mucho para atreverse a poner tan poco.

El productor de medio rock en español

Antes del cine, y al mismo tiempo, hizo otra cosa enorme que casi nadie le atribuye.

Empezó a los dieciséis años en Arco Iris, en 1967. Y después, desde el estudio, produjo buena parte de lo que se escuchó en español durante treinta años.

Produjo a Café Tacvba, incluido ese "Re" de 1994 que el New York Times comparó con el Álbum Blanco. A Julieta Venegas. A Molotov, a Juanes, a Bersuit Vergarabat, a Divididos, a Maldita Vecindad, a Juana Molina. Y a Los Prisioneros, en "Corazones", de 1990.

Su socio habitual en el estudio, Aníbal Kerpel, aparece en casi todos esos créditos.

Lo que se dice de él como productor es siempre lo mismo: no imponía su estilo. Sacaba lo que cada banda ya tenía dentro y no encontraba.

Y después, los videojuegos

En 2013 compuso la música de "The Last of Us", un videojuego.

Podría sonar a nota al pie y es exactamente lo contrario. Es una de las bandas sonoras más queridas del medio, con el mismo método de siempre —cuerda, silencio, muy pocas notas— aplicado a una historia que se juega durante veinte horas en vez de verse durante dos.

Cuando la serie de televisión llegó en 2023, su música vino con ella. El mismo sonido que había hecho llorar en una sala de cine en 2005 volvía a funcionar en un formato que no existía entonces.

Sigue trabajando. En 2026 publicó un disco con Bajofondo y anda de gira con el ronroco.

Lo que hay que recordar

Santaolalla es la prueba de que en música el gesto más difícil es quitar.

Pon la música de "Secreto en la montaña" o la de "The Last of Us" y fíjate en lo que no hay. No hay arreglo, no hay orquesta, no hay adorno. Hay una cuerda sonando, y después un silencio largo, y después otra.

Es un hombre al que le dieron dos veces el premio más grande de Hollywood por resistirse a hacer lo que Hollywood pide, que es llenarlo todo.

Recuérdalo así: no como el argentino de los Óscar, sino como el que demostró que una nota sola, si está bien puesta, pesa más que cien.


Fuentes

Gustavo Alfredo Santaolalla, nacido en El Palomar, provincia de Buenos Aires, el 19 de agosto de 1951; sigue vivo y en activo, con el álbum "Ohm" de Bajofondo publicado en febrero de 2026 y la gira "Ronroco Tour 2026". Comenzó su carrera en 1967 con el grupo Arco Iris. Ganó el Óscar a la mejor banda sonora original en dos ceremonias consecutivas: la 78.ª, el 5 de marzo de 2006, por "Secreto en la montaña" ("Brokeback Mountain", 2005), y la 79.ª, el 25 de febrero de 2007, por "Babel" (2006). Conviene precisar, porque suele presentarse como hazaña sin precedentes, que Franz Waxman ganó en años consecutivos en 1950 y 1951 y Alan Menken en 1992 y 1993; lo que sí es exclusivo es que Santaolalla es el primer y único latinoamericano en obtener este premio. El ronroco es el miembro barítono o bajo de la familia del charango, de unos ochenta centímetros de largo y escala de 44 a 50 centímetros, con diez cuerdas en cinco órdenes; fue inventado en 1968 por los hermanos Gonzalo y Wilson Hermosa, del grupo Los Kjarkas, en Cochabamba, Bolivia, y se difundió durante los años ochenta. Conviene señalarlo porque con frecuencia se lo describe erróneamente como un instrumento pequeño o ancestral: el pequeño de la familia es el charango. Como productor, Santaolalla ha trabajado con Café Tacvba ("Re", 1994), Julieta Venegas ("Aquí", "Bueninvento"), Molotov, Juanes ("Fíjate bien", 2000; "Un día normal", 2002), Bersuit Vergarabat, Los Prisioneros ("Corazones", 1990), Divididos, Maldita Vecindad y Juana Molina, habitualmente junto a Aníbal Kerpel. Compuso la música de "The Last of Us" (videojuego, 2013; "Part II", 2020) y de la serie de HBO estrenada en 2023. Café Tacvba y Julieta Venegas tienen perfil propio en esta serie. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, Wikipedia, AllMusic y otras coberturas.

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