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Historia del rock chileno · Capítulo 9: la Constitución y el molde

Por Rebobinados · Publicado el 24 de agosto de 2026

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Historia del rock chileno · Capítulo 9: la Constitución y el molde

Ilustración: Rebobinados

Los años ochenta empezaron, en el norte del mundo, con la música transformándose en algo nuevo. El 1 de agosto de 1981 salió al aire MTV, un canal de televisión que solo pasaba videos musicales, las veinticuatro horas. De un día para otro, la música dejó de ser algo que solo se escuchaba y pasó a ser algo que se veía. Ya no bastaba con sonar bien: había que verse bien, tener imagen, cámara, estética. La canción se volvió un producto visual, brillante, hecho para la pantalla. El norte metió la música en un molde nuevo, el del videoclip, y de ahí en adelante casi todo pasaría por ahí.

Y unos meses antes, en diciembre de 1980, había pasado algo que cerraba una época con un golpe seco: en una calle de Nueva York, dispararon y mataron a John Lennon. El que había sido Beatle, el que había cantado "Imagine" —imagínate un mundo sin fronteras, sin nada por qué matar—, cayó baleado en la puerta de su casa. El soñador más famoso del planeta, muerto de un tiro. El sueño de los sesenta, que ya venía apagándose, recibió ahí su bala final.

El molde que no se cambiaba de canal

Acá abajo, en Chile, el molde que se estaba fraguando era de otra clase. En 1980, la dictadura escribió una nueva Constitución —la carta que define las reglas de un país entero, cómo se elige el poder, qué se puede y qué no— y la sometió a un plebiscito el 11 de septiembre de ese año, en el séptimo aniversario del golpe. Ese plebiscito se hizo sin registros electorales, sin libertad de prensa, sin que la oposición pudiera hacer campaña, controlado por el propio gobierno. Ganó el "Sí" con un 67 por ciento oficial, pero por esas condiciones —sin padrón, sin garantías, sin contrapeso— su legitimidad quedó cuestionada hasta el día de hoy. Con esa Constitución, la dictadura no solo se aseguraba años más de poder: dejaba fijado, en la ley más alta del país, un modelo político y económico pensado para durar décadas. El país fue vaciado en un molde, y ese molde se firmó con la fuerza de quien tenía todas las armas y ningún contrapeso.

Lo que sí está en discusión y lo que no

Es un terreno donde la gente todavía discute, y hay que decirlo con honestidad: unos defienden lo que ese molde contuvo, otros lo rechazan de raíz, y esa pelea sigue viva. Pero una cosa no está en discusión, porque está documentada: el molde se impuso sin las condiciones mínimas para llamarlo una decisión libre. No se eligió entre todos; se fijó desde arriba, y al resto le tocó vivir adentro.

Dos soñadores baleados

Hay una rima entre los dos relojes, y duele. En el norte mataron a un soñador de un tiro y enterraron el sueño de una década. En el sur, siete años antes, habían hecho lo mismo con el sueño de un país, y ahora le ponían encima una losa de cemento legal para que no volviera a levantarse. Dos soñadores baleados, uno en cada punta del continente, con una década de diferencia. El molde, arriba y abajo, cerrándose.

El sonido importado, convertido en munición

Y acá está lo que le importa a esta historia. La generación que iba a hacer el rock chileno de los ochenta creció entera adentro de ese molde. Eran jóvenes que no conocían otra cosa que la dictadura: nacieron o crecieron bajo ella, no tenían recuerdo del país que cantaba en la calle. No los criaron la quena ni el charango de la Nueva Canción, que estaba prohibida y que para ellos era cosa de otra época; los crió el rock y el pop que llegaba del norte, por la radio y, muy pronto, por esa MTV que convertía todo en imagen. Y acá aparece la ironía más fina de estos años: el sonido importado, el molde comercial del norte, fue justo lo que le puso a estos chicos el arma en la mano. La guitarra eléctrica, el sintetizador, el ritmo que venía de afuera resultaron ser las herramientas perfectas para rebelarse contra el molde de adentro. Lo de afuera, que parecía puro consumo, se volvió munición.

Del otro lado de la cordillera

Y no todo el sonido venía del norte anglosajón. Del otro lado de la cordillera cruzaba el rock argentino, y ese pesaba distinto, porque estaba en español y venía de un país hermano que sufría su propia dictadura. Charly García, con Serú Girán, y León Gieco cantaban la represión en clave, con metáfora, igual que el Canto Nuevo chileno, pero en rock y ante estadios llenos. Para un joven chileno, escuchar eso era un descubrimiento: el rock no era solo cosa de gringos, se podía hacer acá, en su idioma, sobre su realidad, incluso bajo la bota. El norte le dio el sonido; Argentina le dio el permiso.

Porque estos jóvenes no iban a cantar como el Canto Nuevo, en metáfora, con la voz baja, disfrazando lo que querían decir. Habían crecido demasiado apretados en el molde como para tenerle paciencia. Iban a enchufar la guitarra y a decirlo de frente, con todas sus letras, en el idioma directo del rock. En las poblaciones, en San Miguel, unos chiquillos estaban armando algo que en un par de años le iba a gritar al país lo que nadie se atrevía a decir en voz alta. Pero esa es la historia del capítulo que viene.

Rebobina, entonces, hasta ese comienzo de los ochenta lleno de moldes. El del norte, que metía la música en la pantalla y la volvía imagen. Y el de acá, que metía a un país entero en una Constitución hecha a la fuerza. Los dos parecían definitivos, cerrados, para siempre. Pero un molde tiene un punto débil, y es este: solo aguanta mientras lo que está adentro acepte tomar su forma. En el Chile de esos años, algo adentro estaba empezando a no aceptarla. Lo que viene es el ruido de ese molde empezando a trizarse.

Fuentes

MTV, el primer canal dedicado a videos musicales las 24 horas, salió al aire en Estados Unidos el 1 de agosto de 1981. John Lennon fue asesinado a tiros en Nueva York el 8 de diciembre de 1980. La Constitución chilena de 1980 fue elaborada durante la dictadura de Augusto Pinochet (Comisión Ortúzar y otros órganos) y ratificada en un plebiscito el 11 de septiembre de 1980, sin registros electorales y bajo severas restricciones a la libertad de expresión, información y reunión, con la oposición impedida de hacer campaña; el resultado oficial fue de alrededor de 67% por el "Sí". Por esas condiciones, la legitimidad del plebiscito y del origen del texto han sido permanentemente cuestionadas. La Constitución entró en vigencia transitoria el 11 de marzo de 1981 y plena el 11 de marzo de 1990, y ha sido reformada numerosas veces, entre ellas de manera relevante en 1989 y 2005. El período coincidió con una severa crisis económica, que estallaría con fuerza en 1982, y el inicio de protestas con fuerte protagonismo juvenil. También influyó el rock argentino, que llegaba en español desde un país igualmente bajo dictadura (1976-1983): Charly García con Serú Girán ("Canción de Alicia en el país", 1980, denuncia velada de la represión) y León Gieco ("Sólo le pido a Dios", 1978), entre otros, mostraron que el rock podía hacerse en castellano y sobre la propia realidad. La valoración del contenido de la Constitución es materia de debate político abierto; este texto se limita a consignar las condiciones documentadas de su aprobación. Datos recogidos de Wikipedia, Memoria Chilena, la Biblioteca del Congreso Nacional y coberturas de prensa.

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