Quincy Jones
Dejen el ego en la puerta
Por Rebobinados · Publicado el 3 de septiembre de 2026

Ilustración: Rebobinados
Quincy Jones es, probablemente, la figura más grande de la música popular del siglo veinte que la mayoría de la gente no sabría reconocer en una foto.
No fue una estrella que cantara al frente. Fue algo más raro y más poderoso: el hombre detrás, el productor, el arreglista, el que hacía que la magia ocurriera.
Su carrera abarcó más de setenta años y prácticamente todos los géneros de la música estadounidense. Ganó veintiocho Grammy competitivos sobre ochenta nominaciones.
Murió el 3 de noviembre de 2024, a los noventa y un años.
De Chicago a Seattle
La historia empieza en lo más duro.
Nació en 1933 en el lado sur de Chicago, en plena Depresión, en un barrio pobre y violento donde de niño anduvo entre pandillas. Su madre, Sarah Frances, sufría esquizofrenia y fue internada cuando él era pequeño, una herida que cargaría toda la vida.
Llegó a decir que hay dos clases de personas, las que tienen y las que no, y que él no tenía idea de lo que significaba la palabra madre. Sostenía que hay que tener alguien que te cuide antes de los nueve años, o cargas un agujero el resto de tu vida.
La música lo salvó, pero no en Chicago. A los diez años la familia se mudó a Bremerton, en el estado de Washington, y después a Seattle.
Ahí encontró una trompeta. Y ahí, a los catorce, conoció a un pianista ciego de dieciséis recién llegado de Florida: Ray Charles. Los dos, casi niños, soñaban con salir de la pobreza a través de la música. Serían amigos el resto de sus vidas.
Quincy ganó una beca, tocó jazz con las orquestas de Lionel Hampton y Count Basie, respaldó a Billie Holiday, arregló para Sinatra y Ella Fitzgerald. En 1964 se convirtió en vicepresidente de Mercury Records, uno de los primeros ejecutivos negros de ese nivel en la industria.
El chico de las pandillas terminó codeándose con presidentes.
El arquitecto de Thriller
El logro más grande, entre miles, tiene nombre.
A comienzos de los ochenta produjo tres discos de Michael Jackson —"Off the Wall", "Thriller" y "Bad"— que transformaron a Michael de exestrella infantil en el Rey del Pop.
Y "Thriller", de 1982, sigue siendo el álbum más vendido del mundo según el Guinness.
Pero acá está lo que casi nadie dimensiona: ese disco no fue solo obra de Michael. Fue una sociedad.
Michael ponía el talento sobrenatural, la voz, el baile, la ambición. Quincy ponía el oído maestro, la arquitectura, el saber exactamente qué sonido, qué arreglo, qué músico y qué mezcla hacía falta en cada segundo.
Fue él quien tomó las canciones de Michael y las convirtió en esas obras perfectas —"Billie Jean", "Beat It"— fusionando disco, funk, rock, pop y R&B en un sonido que conquistó cada rincón del planeta.
Con una salvedad que es justo el error que este artículo denuncia: "Thriller", la canción, no es de Michael. La escribió entera Rod Temperton, incluido el texto que recita Vincent Price.
Temperton era un inglés, tecladista de Heatwave, al que Quincy llamaba cuando hacía falta una canción. Suyas son también "Baby Be Mine" y "The Lady in My Life", y antes "Rock with You" y "Off the Wall".
Escribió el tema que le da título al disco más vendido del mundo y murió en 2016 sin que casi nadie supiera quién era. El hombre detrás del hombre detrás.
Lionel Richie, que trabajó con él, lo llamó el orquestador maestro, y dijo que tenía el respeto de todos los músicos del planeta.
Dejen el ego en la puerta
Hay otro momento que resume su don único: la capacidad de reunir a los más grandes y hacerlos sonar juntos.
El 28 de enero de 1985, para recaudar fondos contra el hambre en África, se grabó "We Are the World" con unas cuarenta y cinco de las mayores estrellas de la música estadounidense en un solo estudio: Michael Jackson, Bruce Springsteen, Stevie Wonder, Ray Charles, Tina Turner, Lionel Richie y muchos más.
Juntar a tantos egos gigantescos en una sala y lograr que cantaran como un coro era una tarea imposible. Quincy Jones fue el hombre que lo hizo.
Colgó un cartel a la entrada del estudio A&M con una frase que lo dice todo: dejen su ego en la puerta.
Y no fue una ocurrencia de esa noche: ya en 1980 le decía a Billboard que tenían un cartel imaginario con esas palabras. Era su método.
Esa noche, el productor más respetado del mundo dirigió a las mayores estrellas del planeta como quien dirige una orquesta. Nadie más podría haberlo hecho: hacía falta alguien a quien todos, sin excepción, respetaran lo suficiente.
Lo que hay que recordar
Quincy Jones es la prueba de que en la música los héroes más grandes no siempre son los que están adelante cantando, sino a veces los que están atrás, construyendo.
Pon "Thriller", "We Are the World", o cualquiera de los discos de jazz que arregló para Sinatra y Ella, y vas a estar escuchando su mano aunque no oigas su voz.
Fue el hilo invisible que conectó siete décadas de música estadounidense: tocó jazz con las leyendas de los cuarenta, arregló para los gigantes de los cincuenta y sesenta, produjo al Rey del Pop en los ochenta, y siguió influyendo hasta el final.
Un chico pobre del sur de Chicago, hijo de una madre enferma, que se agarró de una trompeta y de la amistad de otro chico pobre y ciego, y llegó a ser el arquitecto de la banda sonora de medio siglo.
Cuando murió, en 2024, no se fue un músico más. El orquestador maestro dejó la sala, pero la música que ayudó a construir sigue sonando en todas partes.
Fuentes
Quincy Delight Jones Jr. (Chicago, 14 de marzo de 1933 – Bel Air, Los Ángeles, 3 de noviembre de 2024), productor, arreglista, compositor, director y trompetista estadounidense, una de las figuras más influyentes de la música popular del siglo XX; ganó 28 premios Grammy competitivos sobre 80 nominaciones, en una carrera de más de 70 años, y murió a los 91 años de cáncer de páncreas. Nació en el difícil lado sur de Chicago; su madre, Sarah Frances, padecía esquizofrenia y fue internada cuando él era niño. Conviene precisar un punto que suele contarse mal: la familia se trasladó a Bremerton, en el estado de Washington, cuando él tenía diez años, y después a Seattle, y fue allí donde encontró la trompeta y donde conoció, a los catorce, a Ray Charles, entonces de dieciséis y recién llegado de Florida; fueron amigos de por vida. Tocó jazz con Lionel Hampton y Count Basie, respaldó a Billie Holiday y arregló para Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y muchos otros; compuso bandas sonoras como "In the Heat of the Night" y la serie "Roots". En 1964 fue nombrado vicepresidente de Mercury Records, siendo uno de los primeros ejecutivos negros de ese nivel en la industria. Produjo los álbumes de Michael Jackson "Off the Wall" (1979), "Thriller" (1982) y "Bad" (1987); "Thriller" sigue siendo el álbum más vendido del mundo según el Guinness World Records, con unos 67 a 70 millones de copias, si bien en Estados Unidos la mayor certificación de la RIAA corresponde a "Their Greatest Hits 1971-1975" de los Eagles. Orquestó la grabación benéfica "We Are the World" el 28 de enero de 1985 en los estudios A&M, reuniendo a unas cuarenta y cinco estrellas, y colgó a la entrada el célebre cartel "Check Your Ego at the Door"; ya en 1980 había declarado a Billboard que trabajaba con un cartel imaginario con esa frase. Lionel Richie lo llamó "el orquestador maestro" en el documental "The Greatest Night in Pop" (2024). Recibió, entre otros, el Grammy Legend Award, el Kennedy Center Honor y la National Medal of Arts. Michael Jackson, Ray Charles, Lionel Richie, Stevie Wonder y Aretha Franklin tienen perfil propio en esta serie. Texto de autoría externa, editado y verificado para Rebobinados. Las interpretaciones sobre el sentido de su obra se ofrecen como lectura del autor. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de AP, Britannica, NPR, Wikipedia, Guinness World Records y otras coberturas.
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