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Década 70s · Ritmo punk

Punk: tres acordes y la verdad

Por Rebobinados · Publicado el 8 de julio de 2026

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Punk: tres acordes y la verdad

Ilustración: Rebobinados

En 1976, un fanzine inglés llamado Sideburns publicó un diagrama que resume esta historia mejor que cualquier enciclopedia: tres acordes dibujados a mano y una instrucción. "Este es un acorde. Este es otro. Este es un tercero. Ahora forma una banda." En Rebobinados creemos que esa página fotocopiada es uno de los manifiestos artísticos más importantes del siglo XX.

El enemigo tenía forma de dinosaurio

Para entender el punk hay que entender contra qué nació. A mediados de los setenta, el rock se había convertido en aquello contra lo que alguna vez se rebeló: solos de veinte minutos, dobles álbumes conceptuales, entradas caras y estrellas que viajaban en avión privado mientras sus fans hacían fila bajo la lluvia. La distancia entre el escenario y la calle nunca había sido tan grande. Lo contamos en detalle al hablar del rock progresivo y de la década del exceso: dos géneros magníficos que, vistos desde un piso sin calefacción en 1976, parecían de otro planeta.

La respuesta llegó desde dos ciudades a la vez, y conviene dar el crédito en orden. Primero fue Nueva York: en un bar mugriento del Bowery llamado CBGB, cuatro tipos de Queens con chaquetas de cuero y flequillo idéntico decidieron que ninguna canción necesitaba durar más de dos minutos. Los Ramones publicaron su primer disco en abril de 1976: catorce canciones en veintinueve minutos, grabadas por poco más de seis mil dólares.

Es, todavía hoy, una de las declaraciones de principios más perfectas jamás grabadas. Y conviene subrayar la cifra, porque es el argumento entero: seis mil dólares cuando un disco de rock ambicioso costaba cien veces eso. El punk no fue solo una estética. Fue, antes que nada, una demostración de que el presupuesto no era el problema.

Londres arde

En julio de 1976, los Ramones tocaron en Londres. Entre el público estaban los futuros miembros de The Clash y los Sex Pistols, tomando apuntes. Lo que en Nueva York era estética, en Inglaterra se volvió política: el país acumulaba desempleo, huelgas y una juventud sin futuro visible. El punk inglés le puso banda sonora a esa rabia.

Los Sex Pistols duraron apenas tres años y un solo álbum de estudio, pero su paso fue sísmico. "Anarchy in the U.K.", el insulto televisado que escandalizó a la nación, "God Save the Queen" censurada por la BBC en pleno jubileo de la reina y aun así vendiendo más que nadie. Malcolm McLaren entendió antes que nadie que el escándalo era un medio de producción.

The Clash tomó el otro camino: si los Pistols querían destruirlo todo, Joe Strummer quería construir algo. London Calling (1979) demostró que el punk podía absorber reggae, rockabilly y soul sin perder la urgencia. La llamaron "la única banda que importa" y, durante unos años, fue literalmente cierto.

Lo que el punk realmente inventó

Aquí va nuestra postura, y es firme: reducir el punk a un género musical es no haber entendido nada. El punk fue una redistribución del poder. Antes de 1976, hacer un disco requería el permiso de una industria; después, cualquiera con una fotocopiadora, un local de ensayo y un sello independiente podía existir. El "hazlo tú mismo" no era un eslogan: era una infraestructura.

Y esa infraestructura tenía piezas concretas. Sellos que se autofinanciaban con las ventas del disco anterior, como Rough Trade en Londres o Dischord en Washington, este último con una política de precios bajos que mantuvo durante décadas. Distribución por correo. Fanzines fotocopiados que hacían de prensa musical. Locales pequeños que programaban a bandas sin disco. Nada de eso existía como sistema antes del 76, y todo sigue funcionando igual hoy, con internet en lugar de sellos y correo.

De ahí salió todo lo que vino después: el post-punk, el hardcore, el indie, las escenas locales de cada ciudad del mundo que celebramos en este blog. Y también, dando la vuelta completa, el redescubrimiento de aquellas bandas de garaje de los sesenta que ya habían hecho lo mismo sin saberlo: esa historia la contamos en ¿Qué es el garage rock?.

La verdad, medio siglo después

¿Envejeció el punk? Sus discos, quizás. Su pregunta, jamás. Cada vez que la música se vuelve demasiado cara, demasiado lejana, demasiado cómoda, alguien vuelve a formular la pregunta del 77: ¿para quién es esto?

Hay una ironía final que conviene no esquivar. Las chaquetas de cuero se venden hoy en tiendas de lujo, "God Save the Queen" suena en anuncios y los Ramones son una camiseta que lleva gente que no sabría nombrar una canción. El sistema absorbió la estética con una eficacia asombrosa. Pero no pudo absorber lo otro: sigue sin hacer falta el permiso de nadie para grabar un disco, y eso lo ganó una generación en tres años.

La memoria viva de la música necesita guardianes, pero también necesita incendiarios. El punk fue ambas cosas a la vez: quemó la casa y, entre las cenizas, dejó los planos para construir otra. Tres acordes siguen siendo suficientes. Solo hace falta la verdad.

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