Serie
Historia del rock chileno · Capítulo 13: la avalancha
Por Rebobinados · Publicado el 27 de agosto de 2026

Ilustración: Rebobinados
A comienzos de los noventa, del otro lado del planeta, un puñado de jóvenes de Seattle inventó el sonido de la década. Le dijeron grunge: guitarras sucias, rabia sin pose, camisas de leñador, la música de una generación incómoda consigo misma. Nirvana sacó "Nevermind" en 1991, Pearl Jam sacó "Ten" el mismo año, y el mundo entero se identificó con esa mezcla de furia y desamparo. El rey de todo eso, Kurt Cobain, un tipo que odiaba ser rey, se mataría en 1994. Ese era el sonido nuevo del mundo. Y Chile, por primera vez en mucho tiempo, no lo escuchó con años de atraso: lo escuchó casi al mismo tiempo.
Por la puerta abierta entró el mundo entero
Porque acá estaba pasando otra cosa, distinta pero enorme. Rod Stewart, en el 89, había abierto una puerta que llevaba dieciséis años cerrada. Y por esa puerta empezó a entrar el mundo entero, de golpe, en avalancha. En 1990 llegó Bon Jovi. Ese mismo año, el festival Rock in Chile trajo a David Bowie y a Eric Clapton al mismo escenario.
Un abrazo a la esperanza
Y en octubre de 1990 pasó algo que junta toda esta historia en una imagen: los conciertos de Amnistía Internacional, "Desde Chile… un abrazo a la esperanza", reunieron a más de cien mil personas en dos noches en el Estadio Nacional, con Sting, Peter Gabriel, Sinéad O'Connor y, junto a ellos, chilenos como Congreso e Inti-Illimani. Un concierto por los derechos humanos, en el mismo estadio que había sido centro de detención tras el golpe. Ese año también llenó el Nacional Silvio Rodríguez, el trovador cubano que los militares habían tenido prohibido durante años. La música volvía, y volvía a lo grande.
Y después no paró más
Guns N' Roses, en diciembre de 1992, en la cima de su fama, batió el récord de público del estadio. Michael Jackson llegó en octubre de 1993. Y detrás de ellos, todos: U2, Metallica, los Rolling Stones, Paul McCartney, Madonna. El país que la dictadura había mantenido fuera del circuito mundial durante dieciséis años se convirtió, de un año para otro, en parada obligada de las giras del planeta.
El eco se vuelve sincronía
Durante treinta años, desde el primer capítulo, Chile había escuchado la música del mundo desde lejos, con eco y con retraso: el disco que cruzaba el océano y llegaba meses, o años, tarde; el joven que ponía un casete en su pieza soñando con ver a esa banda algún día, sabiendo que quizás nunca podría. Ahora, por primera vez, ese mismo joven podía pararse en un estadio y ver a Guns N' Roses, o a Michael Jackson, en vivo, el mismo año que los veía el resto del mundo. El eco se estaba volviendo sincronía. La distancia con la que abrimos esta serie —Chile escuchando de lejos— empezó, por fin, a cerrarse.
Lo que costó la fiesta
Hay que recalcar que la avalancha no fue toda felicidad. Fue también un mercado que se abría, y una apertura en parte superficial: Chile pasaba a ser un punto de venta en el mapa de las giras. Y hubo caos y tragedia mientras el país aprendía, a los golpes, a hacer un megaconcierto. En el show de Guns N' Roses de 1992 hubo cerca de doscientos detenidos, desmanes y varios heridos graves; Axl Rose tocó borracho. Entre los heridos estaba Myriam Henríquez, de quince años, aplastada contra una reja por el peso de la multitud durante el concierto. Murió una semana después, en el hospital. La fiesta de reconectarse con el mundo tenía su costo, y esa noche lo cobró de la peor manera.
La sincronía incluía la pena
Y el sonido mismo al que Chile por fin se enchufaba en tiempo real traía su propia herida. El grunge, la música de la incomodidad de una generación entera, perdió a su rey cuando Kurt Cobain se quitó la vida en abril de 1994. El mundo con el que Chile se estaba sincronizando era, él mismo, un mundo con dolor. La sincronía incluía la pena.
Rebobina, entonces, hasta esos momentos de comienzos de los noventa, si los puedes recordar. ¿Qué hacías? En medio de ese ruido de una puerta cerrada durante dieciséis años abriéndose toda de una vez, los dos relojes de esta serie, el del mundo y el de Chile, que habían marcado horas distintas desde la primera página, empezaron —concierto a concierto— a marcar la misma. Faltaba todavía la otra mitad de la historia, la más difícil: si Chile solo iba a recibir al mundo, o si alguna vez el mundo iba a escuchar a Chile. De eso trata el capítulo que viene.
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Fuentes
Tras el concierto de Rod Stewart (1989), Chile vivió una oleada de megaconciertos internacionales al regresar la democracia. En 1990 se presentaron Bon Jovi y el festival Rock in Chile (con David Bowie, Eric Clapton, Bryan Adams y Mick Taylor). Los días 12 y 13 de octubre de 1990, los conciertos de Amnistía Internacional "Desde Chile… un abrazo a la esperanza" se realizaron en el Estadio Nacional con Sting, Peter Gabriel, Sinéad O'Connor, Rubén Blades, Wynton Marsalis, Luz Casal y los chilenos Congreso e Inti-Illimani; las cifras de público varían según la fuente, con más de 70.000 personas la primera jornada y un total que suele situarse por encima de las cien mil. Ese año también actuó Silvio Rodríguez, prohibido por los militares durante años. Guns N' Roses tocó el 2 de diciembre de 1992 ante una multitud que batió el récord del estadio (las fuentes indican entre 85.000 y más de 95.000); el show estuvo marcado por incidentes, cerca de doscientos detenidos y varios heridos graves. Myriam Henríquez, de 15 años, resultó aplastada contra una reja por el peso del público durante el concierto y falleció una semana más tarde. Michael Jackson debutó en Chile el 23 de octubre de 1993. Después se presentaron U2, Metallica, Madonna, Paul McCartney, The Rolling Stones y Roger Waters, entre muchos otros. En el reloj mundial: el auge del grunge (Nirvana, "Nevermind", 1991; Pearl Jam, "Ten", 1991) y la muerte de Kurt Cobain el 5 de abril de 1994. No se reproducen letras de canciones por derechos de autor. Datos recogidos de Memoria Chilena, Amnistía Internacional Chile, Wikipedia, La Tercera y otras coberturas de prensa.
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